Por Notsilvia Night

Traducido por Mariola García Pedrajas

Un endurecimiento de los frentes entre Irán y Occidente, y entre liberales occidentalizados y conservadores islámicos dentro de Irán, es el resultado no inesperado de los enfrentamientos post-electorales de las últimas semanas. El apoyo occidental al comportamiento extremadamente violento de algunos manifestantes armados ha perjudicado probablemente los esfuerzos de los movimientos de reforma y de derechos de las mujeres. Sus esfuerzos pueden haberse visto tan desacreditados que puede darse un retroceso de Irán a duras posiciones previas en cuestiones de derechos de las mujeres. Esperemos que no ocurra.

De todos modos, que los estrategas israelíes pudieran pintar a Irán y su gobierno de la forma más negativa posible y prevenir todas las oportunidades de una comunicación positiva y una relación pacífica de los países occidentales con Irán, como preludio del ataque militar de Israel apoyado por Occidente contra el país, era el objetivo deseado. Y puede que lo hayan conseguido.

Cuando los medios occidentales deliberadamente avivaban las llamas en Irán, muy probablemente no esperaban en ningún momento que la “revolución” tuviera éxito.

Las revoluciones raramente tienen éxito a menos que tengan el apoyo de la mayoría de la población a la vez que la de al menos una parte del ejército. El apoyado por Occidente Mousavi no tenía ninguna de las dos cosas. Lo apoyaba apenas un tercio de la población y no tenía ningún apoyo significativo dentro del ejército iraní.

Los medios occidentales sabían que Ahmadinejad recibiría más del 60% del voto popular en Irán. Después de todo, el instituto “independiente” que había encuestado a los iraníes solo tres semanas antes de las elecciones estaba patrocinado por el conectado con la CIA Washington Post y por la BBC. Fue financiado por la fundación Rockefeller.

Todos los medios tienen acceso a Internet, supongo. Para el segundo día tras las elecciones, el Washington Post había publicado los resultados de este sondeo tanto online como en el medio impreso. Ningún medio occidental, ni en Norteamérica ni en Europa ni en Australia, podía pretender que no sabía la verdad, especialmente no la BBC.

Ni podía tampoco ningún político occidental alegar que no sabía, que las alegaciones de fraude electoral generalizado eran falsas. Incluso el Secretario General de las Naciones Unidas Ban Ki-Moon ignoró lo que se había sabido desde antes y haciendo esto se mostró a sí mismo como una marioneta anglo-americana obediente.

La reacción del gobierno iraní a esta repetida interferencia occidental en los asuntos iraníes es frustración y rabia:

“Sin duda en el nuevo periodo (presidencial) el gobierno tendrá una actitud más firme y fuerte hacía Occidente,” afirmó Ahmedinejad en una reunión de funcionarios judiciales en Teherán. Dijo que las elecciones presidenciales del 12 de junio en Irán las cuales han reforzado su gobierno también marcan el final de la democracia liberal y los pensamientos liberales. Dirigiéndose a una reunión a nivel nacional de funcionarios judiciales dijo: “La nación iraní favorece el diálogo y la sabiduría a la vez que la interacción constructiva y cultural,” refiriéndose a la reciente interferencia en los asuntos internos de Irán y los comentarios insultantes de ciertos estados occidentales sobre el manejo de las protestas de Irán tras las elecciones presidenciales, Ahmadinejad dijo, “De ahora en adelante os haremos responder de vuestros actos en todos los foros internacionales.” “¿Cómo es posible que aquellos que tienen sus manos manchadas de sangre están ahora hablando de derechos humanos y creen que pueden dañar el sistema islámico con sus afirmaciones satánicas y huecas y sus montajes propagandísticos contra el sistema humano y limpio de Irán?”

Antes de que nosotros, en nuestra arrogancia occidental empecemos a gritar:

“Lo sabíamos, lo sabíamos, esos dirigentes iraníes son fanáticos religiosos, hablan de Satán, odian nuestras libertades”, haríamos bien en echar un vistazo al historial de nuestras “democracias liberales y pensamiento liberal”. Deberíamos también mirar a lo que pasó, cuando los iraníes con su cultura “extraña” de pensamiento islámico trataron de hablar con nosotros, trataron de buscar algún terreno común sobre el que construir una forma de tolerancia productiva mutua y cooperación.

Visto a la luz de experiencias pasadas, los términos “democracias liberales y pensamiento liberal” tienen un significado muy diferente en muchos países en vías de desarrollo, no solo en Irán, del que tienen en el mundo occidental.

En todos los países a los que fueron nuestros “libertadores” del Pentágono, la CIA, el MI6, el Mossad y otras agencias occidentales de “inteligencia” y ejércitos, dejaron un rastro de muerte y destrucción. En muchos casos ayudaron a instalar dictadores sedientos de sangre que estaban tan paranoicos con perder su poder a manos de una población hostil, que cometieron asesinatos en masa de miles, a veces incluso cientos de miles. Muchos ejemplos de esto se pueden encontrar en Sudamérica y el sureste de Asia.

Si no se podía instalar con éxito a un dictador, el país se ponía en un estado constante de anarquía y caos. Se generaba pobreza extrema mediante la destrucción de formas tradicionales indígenas de organización y producción de alimentos, por el robo de tierras de los capitalistas coloniales occidentales y la urbanización forzada. Este fue el programa predominante para África.

Una lista preliminar de las interferencias militares y encubiertas solo de EEUU en otros países durante el siglo XX se puede encontrar en Killing Hope (Matando la esperanza) y Rogue State (Estados canallas) de Bill Blue.

Y después está la tortura. Estudios, como el del libro de Darius Rejali Torture and Democracy (Tortura y democracia), han mostrado que los métodos de tortura peores y más destructivos no han sido desarrollados por ninguna dictadura sino por aquellos estados que se llaman a sí mismos “democracias liberales”.

Las formas más nuevas de “libertadores” se revelan en el libro de John Perkins: Confessions of an Economic Hitman (Confesiones de un sicario económico)”.

Habiendo sido él mismo uno de esos “sicarios”, describe la destrucción metódica de economías enteras en el mundo en desarrollo coaccionando o engañando a países o sus líderes para que acepten deudas impagables y después, cuando no pueden hacer frente a esas deudas, el FMI impone la implementación de medidas de austeridad devastadoras que causan pobreza y miseria generalizada.

Para mucha gente en los países en desarrollo, especialmente en el mundo islámico, liberalismo significa, además de libertad frente a la moral en temas sexuales, libertad frente a los valores éticos o cualquier forma de compasión.

Para muchos musulmanes la “libertad sexual” de occidente – que parece la única forma de libertad de la que de hecho nos preocupamos lo suficiente para defenderla – parece significar, que junto con todo lo demás, incluso el cuerpo humano no es más que un objeto comercial que se puede publicitar, comprar y vender a voluntad.

Bajo el punto de vista de muchos musulmanes el “liberalismo” occidental significa avaricia desenfrenada de riqueza y poder, un sistema donde los más fuertes y más despiadados pueden poner todas las reglas a costa del bienestar, dignidad e incluso la vida de todos los demás.

En el occidente laico no llamamos a nada “satánico”, incluso rehusamos usar la palabra “malvado” (al menos que estemos describiendo a los “malvados islamosfascistas”). ¿Pero no podríamos al menos ir tan lejos como decir que, lo que se ha hecho a los pueblos del llamado “tercer mundo” en el nombre de las “democracias liberales”, puede haber estado equivocado de alguna manera?

Sin embargo, la imagen que occidente tiene de sí mismo como la cultura más avanzada y progresista en el mundo no nos permite aceptar a ninguna otra cultura como igual a la nuestra. Ni siquiera tolera que gentes de otras culturas se vean a sí mismo como iguales o, Nietzsche no lo permita, incluso vean a su cultura como superior a la nuestra siquiera en un único aspecto (digamos por ejemplo un sistema financiero menos volátil).

Muchas veces el presidente iraní trato de hablarnos a nosotros en el mundo occidental.

Envió cartas personales a muchos líderes occidentales. A la vez que intenta explicar su punto de vista, cuando critica el imperialismo occidental económico y militar y los crímenes del sionismo en contra del pueblo palestino y otros países vecinos. También trató de explicar que hay de hecho valores éticos comunes en la cultura occidental (humanismo y cristianismo) y la cultura islámica sobre los cuales podríamos construir una cooperación pacífica y respetuosa en este mundo. Habló sobre una creencia común en el valor de la vida humana y la dignidad humana, y una demanda común de respeto a esos valores. Y trató de mostrar que la religión islámica no previene a los que creen en ella de mostrar consideración y compasión por los no musulmanes.

Le pido a Dios que conceda a toda la humanidad y todas las naciones salud y felicidad, honor y prosperidad, y conceda a los líderes y servidores públicos la habilidad de aprender del pasado y usar cualquier oportunidad de servir, para sembrar amor y bondad, para erradicar la opresión, para hacer justicia y seguir las pautas sagradas.

(De una carta al Presidente Obama, felicitándolo por su victoria en las elecciones)

Los líderes “democráticos” occidentales ni siquiera se molestaron en contestar estas cartas.

Se sometió a muchas entrevistas largas en medios occidentales, contestando con calma incluso las preguntas más insultantes. Esas entrevistas fueron editadas, acortadas para que se perdiera parte del contexto de lo que dijo y después analizadas y distorsionadas.

Dio un discurso en la Universidad de Columbia en Nueva York en el que trató de refutar la afirmación de un teólogo católico medieval, que el Papa Benedicto VI había citado ante un auditorio en una universidad alemana en Munich. La afirmación era que el Islam no es una religión racional.

En este discurso Ahmedinejad citó las escrituras islámicas sobre aprender y leer. Y afirmó que la erudición y la ciencia, según el Islam, deberían siempre usarse de una manera ética para servir a la humanidad no para matar y dañar gente, de otra manera son inútiles. Antes y después del discurso fue simplemente insultado y calumniado por sus anfitriones, los profesores de la universidad y muchos estudiantes.

Envió una carta al pueblo estadounidense tratando de mostrar que había un terreno común entre los valores estadounidenses e iraníes. No sé los estadounidenses de la calle, pero creo que ni uno solo de los intelectuales estadounidenses siquiera contestó la carta.

Dio discursos en instituciones internacionales llamando a la igualdad y el respeto entre naciones y culturas, a mayor justicia y menos explotación. Pero aunque los discursos eran traducidos al inglés, los comentaristas occidentales fueron incapaces de entenderlos. Para cuando Ahmadinejad terminaba la oración con la que empieza sus discursos, prácticamente todos esos comentaristas habían dejado de escuchar, como si una contraventana hubiera cerrado sus ojos, oídos y mente.

Y cuando Ahmadinejad dio su discurso anti-racista en la conferencia internacional anti-racismo Durban II, el colectivo de representantes del mundo occidental blanco abandonó la habitación, temerosos de que pudieran apareces agujeros en sus contraventanas mentales y algunas palabras pudieran entrar.

Y ahora, tras las alegaciones del llamado fraude electoral por parte de la oposición más occidentalizada, los subsiguientes disturbios se convirtieron en un intento de golpe instigado por occidente con la intención de causar caos generalizado en Irán, con probablemente la intención final de instaurar un nuevo Shah (Shah junior).

Parte de la blogosfera, al menos, se ha dado cuenta de esto. A diferencia de Honduras, donde el golpe, apoyado por algunos de los mismos protagonistas, tuvo éxito, el gobierno iraní nuevamente elegido sobrevivió el infructuoso “juego” de alto riesgo de estadounidenses, británicos e israelíes.

Pero la izquierda no puede evitarlo, cuando miran a esta figura del tercer mundo Ahmadinejad, el presidente elegido democráticamente de su país.

Simplemente no puede imaginar que un gobierno con una mentalidad no occidental pueda jamás ser elegido. No pueden imaginar que los intereses de la mayoría de la gente en Irán puedan ser atendidos con un sistema político que no esté basado en una filosofía occidental.

Los únicos que pueden considerarse como “gente real” son la oposición occidentalizada, incluso cuando están en minoría.

La gente que lidia con su “extraña” cultura del Islam, no cuenta. Sus opiniones políticas expresados en las elecciones no se deberían ver como “reales”. Se los debe considerar engañados, demasiado bobos para saber lo que es bueno para ellos.

Y lo que es bueno para todos en el mundo, según las élites intelectuales occidentales, es la cultura y el pensamiento occidental. Lo mismo da qué parte del pensamiento occidental sea, capitalismo, socialismo, comunismo, fascismo, ecologistas, maltusianos, darwinistas, siempre habrá algunos intelectuales occidentales que lo aclamen, siempre que las ideas fueran pensadas o inventadas por pensadores occidentales blancos.

No, no pueden evitarlo, los intelectuales occidentales, afligidos por un complejo de superioridad colectivo, simplemente tienen que llamar al presidente iraní, Dr. Ahmadinejad, un “personaje indeseable”, cada vez que mencionan su nombre, alguien que no es digno de que se hable con él sin despreciarlo.

 

Enlace artículo original en inglés:

http://notsylvia.wordpress.com/2009/07/01/iran-and-the-west/