Rick Rozoff, Global Research

Traducido por Mariola y Jesús María García Pedrajas

Los abanderados del imperialismo anglo-estadounidense en la época actual, el Presidente Barack Obama y el Primer Ministro David Cameron, se reunieron en Londres el 25 de mayo para discutir las dos guerras de agresión que están teniendo lugar en el mundo, las de Afganistán y Libia, ambas bajo el mando de la Organización del Tratado del Atlántico Norte dominada por Washington y Londres.

Además de unirse a una barbacoa para tropas estadounidenses y británicas en la guarida del primer ministro, los jardines del número 10 de Downing Street, los dos potentados llamaron a la continuación del bombardeo de Libia hasta devolverla a la Era Paleolítica.

Dando muestras de lo que pasa por humor sofisticado en la insensibilizada era contemporánea, Cameron dijo a la prensa, “Fue…probablemente la primera vez en la historia, mientras estamos de pie delante de esta barbacoa, que puedo decir que un primer ministro británico le ha ofrecido a un presidente estadounidense un poco de asado a la parrilla.”(*)

Los corresponsales soltaron una risita mientras la población civil libia, afgana y paquistaní se retuerce de dolor en su mortal agonía por las bombas y misiles Hellfire arrojados por los aviones de guerra de Cameron y Obama.

Poniéndose tan reflexivo como es capaz, el primer ministro británico añadió: “Barack y yo maduramos en los años 80 y 90. Vimos el final de la Guerra Fría y la victoria sobre el comunismo. Vimos la invasión de Kuwait por parte de Sadam Husein y al mundo uniéndose para liberar el país. Durante todo ese tiempo, vimos a presidentes y primeros ministros uniéndose por la libertad.”

Unidos hombro con hombro en triunfalismo y militarismo desenfrenado, más probablemente.

Aviones de guerra británicos, franceses, italianos, daneses, alemanes, noruegos, de Qatar y de los Emiratos Árabes han llevado a cabo más de 8.000 misiones y más de 3.000 misiones de combate contra Libia desde que la OTAN tomó el control de la guerra el 31 de marzo, anteriormente EEUU y Gran Bretaña habían disparado al menos 160 misiles de crucero contra la nación. Horas antes de que Cameron y Obama disfrutaran de su barbacoa, los aviones de guerra de la OTAN lanzaron un bombardeo de una hora sobre la capital de Libia, Trípoli, el ataque más feroz en más de dos meses, matando a 19 personas e hiriendo aproximadamente a otras 130.

El tercer miembro plenipotenciario de la proyección de poder global anglo-estadounidense, la Alta Representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores, Catherine Ashton, Baronesa Asthon de Upholland – quien sucedió al antiguo secretario general de la OTAN Javier Solana en el puesto – estuvo en Washington la pasada semana para reunirse con la Secretaria de Estado, Hillary Clinton, y planear sanciones conjuntas más duras contra Siria, Clinton declaró “discutimos los pasos adicionales que podemos tomar para incrementar la presión y aislar aún más al régimen de Assad,” demostrando el refinamiento diplomático que el mundo se ha acostumbrado a esperar de la albacea de la política exterior de la única superpotencia militar del mundo.

Una semana antes, la Unión Europea y el Consejo de Cooperación del Golfo (GCC, por sus siglas en inglés), cuyos seis países miembros – Arabia Saudita, Qatar, los Emiratos Árabes, Kuwait, Bahréin y Omán, todas ellas monarquías hereditarias, emiratos y teocracias, pero que cuentan con el 45 por ciento de las reservas de petróleo mundiales probadas – y que son los principales aliados de Occidente y sus representantes en el mundo árabe y el Golfo Pérsico, hicieron pública una declaración conjunta exigiendo que el líder libio Muamar Gadafi abdique su poder a favor del Consejo Nacional de Transición rebelde financiado y armado por la OTAN y las naciones del GCC y defendiendo la salida del Presidente de Yemen Ali Abdullah Saleh para sustituirlo por un gobernante cliente más fiable y acomodaticio.

La Unión Europea y el GCC, sin ni siquiera un destello de aparente ironía, dado lo explicado anteriormente, también exigieron que Irán “juegue un papel constructivo y deje de interferir en los asuntos internos de los estados miembros del GCC y otros países de la región.” El 14 de marzo los primeros efectivos de los 1.500 soldados de Arabia Saudita, los Emiratos Árabes y otros estados del GCC entraron en Bahréin, dos días después de que el Secretario de Defensa de EEUU Robert Gates abandonara el reino, donde estuvo para apoyar la dinastía Al Khalifa frente a los oponentes de la autocracia dominada por una minoría religiosa.

La semana siguiente Kuwait desplegó fuerzas navales frente a Bahréin “para proteger las aguas territoriales del reino” como parte de la intervención militar de la Fuerza del Escudo de la Península del GCC.

Al anunciar la penúltima ronda de sanciones contra Siria a finales de abril, el Presidente Obama incluyó a Irán, afirmando que “las acciones de Irán en apoyo del régimen sirio lo colocan en una situación de oposición frontal a la voluntad del pueblo sirio.” La voluntad del pueblo de Bahréin es otra cuestión.

Desde abril el GCC, del cual Yemen no es miembro, ha estado presionando al gobierno yemení para que acepte sus supuestos esfuerzos de mediación para efectuar un cambio de régimen, una iniciativa apoyada por EEUU y sus aliados de la OTAN. Como Andreas Peschke, el portavoz del ministerio alemán de Asuntos Exteriores, informó a la prensa recientemente, “pedimos al Presidente Saleh que no busque prolongar la situación, y que considere seriamente y acepte la oferta de mediación hecha por el Consejo de Cooperación del Golfo.” Añadió que “La Unión Europea podría tomar nuevas medidas para elevar la presión sobre el régimen si el Presidente Saleh se resiste tercamente.'” [1]

Durante su reunión con el Primer Ministro Cameron el mismo día, el Presidente Obama metió baza al declarar que, “Pedimos al Presidente Saleh que avance inmediatamente en su compromiso de transferir el poder.”

El 23 de mayo los ministros de exteriores de la Unión Europea impusieron sanciones más severas contra Bielorrusia, Irán, Libia y Siria, cuatro naciones – lo que apenas sorprende – también marcadas por EEUU para un cambio de régimen.

Ni EEUU ni sus aliados de la OTAN en la Unión Europea han dicho una palabra sobre imponer sanciones contra los reyes y emires de los estados del GCC.

Qatar y sus socios del GCC fueron los principales incitadores de la acción de la Liga Árabe, de la cual constituyen apenas un cuarto de los miembros, de pedir una resolución de las Naciones Unidas contra Libia el 12 de marzo. Una semana después EEUU, Gran Bretaña, Francia y sus aliados de la OTAN empezaron a bombardear el país.

El diminuto Qatar, una monarquía absoluta con una población de 1,7 millones de habitantes, fue el primer país en reconocer al régimen rebelde en Libia, el primer estado del Golfo Pérsico en unirse a la misión de combate de la OTAN suministrando aviones de combate a reacciónMirage, de fabricación francesa, y aviones C-17 Globemaster, de origen estadounidense, para las acciones de guerra, y montó un canal de televisión por satélite – Ahrar TV – para que sirviera de portavoz del Consejo Nacional de Transición, y proporcionó a su vez lanzadores de misiles MILAN de fabricación francesa. Qatar está también organizando las exportaciones de petróleo desde la Libia controlada por los rebeldes.

Una fuente de noticias en Azerbaján publicó la siguiente información el 28 de marzo, nueve días después de que se lanzara la guerra contra Libia:

”La operación de la OTAN, con un valor de 300-500 millones de dólares al día, al barrer los cielos sobre Libia abre una nueva era histórica: el comienzo de las conquistas coloniales por los estados del Golfo Pérsico. Al mismo tiempo la OTAN actúa como un ‘soldado de fortuna’ – un mercenario profesional, asegurando la conquista colonial ella misma.

”La derrota de las fuerzas terrestres del Coronel Gadafi por la aviación de la OTAN ha abierto la posibilidad para la oposición de restaurar las exportaciones de petróleo desde Libia. Como resultado de ello, según un representante para la economía y el petróleo del ‘gobierno de transición’ de la oposición, Ali Tarkhuni, la oposición ha alcanzado ya un acuerdo sobre las exportaciones de petróleo bajo la supervisión de Qatar.” [1]

El 14 de abril el Presidente Obama recibió al emir de Qatar, Sheikh Hamad bin Khalifa Al-Thani, en la Casa Blanca y alabó a su invitado por “el liderazgo” que demostró en la promoción de “la democracia en Oriente Medio,” particularmente en Libia, añadiendo:

”Qatar no solo ha apoyado [la campaña contra Libia] diplomáticamente sino que también la ha apoyado militarmente y apreciamos mucho el magnífico trabajo que los qataríes han hecho, hombro con hombro, con otros miembros de la coalición internacional.” El emir respondió agradeciendo a Obama “la posición que EEUU ha tomado en apoyo de los procesos de democratización que han tenido lugar en Túnez y Egipto y el intento que está teniendo lugar en Libia.”

Los Emiratos Árabes Unidos (EAU), que es una de las 49 naciones que aportan tropas oficialmente para la Fuerza Internacional de Asistencia a la Seguridad en Afganistán (Bahréin aunque no en esa categoría, también tiene personal militar asignado a la OTAN en la zona de guerra), anunciaron la pasada semana que serán la primera nación árabe en enviar un embajador a la sede central de la OTAN en Bruselas. Los EAU son también el único estado árabe además de Qatar que está proporcionando aviones de guerra para el ataque contra Libia que dura ya 68 días.

Junto con sus compañeros del GCC Qatar, Kuwait y Bahréin, los EAU son también miembro de la asociación militar Iniciativa de Cooperación de Estambul establecida en 2004. La OTAN ha celebrado conferencias, enviado comandantes militares en puestos de liderazgo y desplegado buques de guerra en todas y cada una de las seis naciones del GCC, incluyendo Arabia Saudita y Omán, que no son aún miembros de pleno derecho de la Iniciativa de Cooperación de Estambul. El papel siempre en expansión de la Alianza en el Golfo Pérsico está diseñado para contener y, cuando la oportunidad se presente, enfrentarse a Irán.

Hace dos años el Presidente francés Nicolas Sarkozy viajó a los EAU para abrir la primera base de su nación en Oriente Medio, en el emirato de Abu Dhabi, donde afirmó a su anfitrión: ”Puede estar seguro de que Francia está de su lado en el caso de que su seguridad se ponga en riesgo.”

A mediados de abril, empezando el día en que Obama se reunió con Hamad bin Khalifa al-Thani de Qatar, los ministros de asuntos exteriores de la OTAN se reunieron en Berlín para planear la intensificación de la guerra contra Libia, donde Hillary Clinton afirmó que los miembros del bloque “compartían el mismo objetivo, que era asistir al final del régimen de Gadafi.” Los ministros de asuntos exteriores de la OTAN firmaron una declaración comprometiéndose a la continuación de la guerra, la cual fue también firmada por representantes de Jordania, Qatar, Marruecos, Suecia, Ucrania y los Emiratos Árabes Unidos, todos miembros de los programas de asociación de la OTAN: el Diálogo Mediterráneo, Asociación para la Paz y la Iniciativa de Cooperación de Estambul.

Hace diez días el Ministro de Asuntos Exteriores marroquí Taieb Fassi Fihri anunció que su nación tiene la intención de unirse al Consejo de Cooperación del Golfo, y el GCC correspondió confirmando que estaba considerando la petición y una paralela hecha por Jordania. Ninguno de estos dos países está cerca del Golfo Pérsico pero ambos son monarquías.

En el Congreso de Viena en 1815 después de la derrota final de Napoleón Bonaparte en Waterloo, las monarquías en Rusia, Austria y Prusia crearon lo que fue conocido como la Santa Alianza para unir al continente europeo bajo una coalición de reyes, zares y emperadores explotando una patina de religiosidad para ahuyentar para siempre la reaparición del republicanismo. De fuerzas que no podían controlar.

Los autoproclamados campeones de los valores euro-atlánticos reunidos bajo el estandarte de la OTAN han encontrado ahora su digno complemento: los reinos y emiratos de Bahréin, Jordania, Kuwait, Marruecos, Omán, Qatar, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos. Un parentesco de hecho existe, puesto que la mayoría de las naciones que están bombardeando Libia en ambos lados son monarquías: Bélgica, Gran Bretaña, Dinamarca, Holanda, Noruega, España, Qatar y los Emiratos Árabes Unidos, a la vez que el miembro de la OTAN Suecia que ha asignado ocho aviones de guerra Gripen para la guerra y Canadá que poco le falta para ser una monarquía.

El pasado septiembre el Financial Times informó de que Washington planeaba vender armas por un valor de 123.000 millones de dólares a los estados de GCC – 67.800 millones a Arabia Saudita, 35.600 a los Emiratos Árabes Unidos, 12.300 millones a Omán y 7.100 millones a Kuwait – además de incorporar a los estados del Golfo al sistema de escudo de misiles global de EEUU.

La Casa Blanca más tarde confirmó un acuerdo de venta de armas de 60.000 millones de dólares con Arabia Saudita, la mayor operación de venta de armas en la historia de EEUU.

EEUU, Gran Bretaña, Francia, Italia y sus aliados de la OTAN han revelado sus planes para controlar Oriente Medio y el Golfo Pérsico: Una alianza militar integral con las familias reales del mundo árabe.

Artículo original:

http://globalresearch.ca/index.php?context=va&aid=24976

Notas:

1) Agencia France-Presse, 25 de mayo, 2011

2) La OTAN arrebata a Gadafi el control sobre el petróleo libio para darlo a Qatar.  Centro de Negocios de Azerbaján, 28 de marzo de 2011

http://abc.az/eng/news/main/52557.html

(*) Grilling en inglés, juego de palabras, grilling hace referencia a asar a la parrilla o a la barbacoa pero también significa interrogatorio duro (N.T.).