Por Stephen Gowans (Global Research, 17 de octubre, 2010)

Traducido por Mariola y Jesús García Pedrajas

Liu Xiaobo, el disidente chino al que se le concedió recientemente el Premio Nobel de la Paz, ha sido aclamado como un campeón de los derechos humanos y la democracia. Su encarcelamiento por las autoridades chinas por incitar a la subversión del estado es considerado de manera general como una represión del derecho a defender una posición por parte de un estado chino intolerante con la disidencia y hostil a los “valores universales”. Pero lo que las informaciones occidentales no mencionan es que la Carta 08, el manifiesto en cuya escritura Liu participó y que firmó, lo que llevó a su arresto, es algo más que una petición de libertades políticas y civiles. Es un proyecto para convertir a China en una replica de la sociedad de EEUU y eliminar los últimos vestigios del socialismo del país. Si Liu consiguiera lo que quiere, China se convertiría en un paraíso del libre mercado, la libre empresa; daría la bienvenida a la dominación por parte de los bancos extranjeros; mantendría los impuestos al mínimo; y permitiría una versión china de los Republicanos y los Demócratas que mantuviera el país seguro para las corporaciones multinacionales, los banqueros y los ricos inversores. El problema de Liu con el Partido Comunista no es que ha seguido la senda del capitalismo, sino que no la ha seguido suficientemente lejos, y que no ha establecido un sistema político republicano pluralista que facilite el tranquilo y eficiente funcionamiento de una economía capitalista sin controles.

Liu enseñaba literatura en la Universidad de Columbia, EEUU, como profesor visitante, pero levantó el campamento y volvió a su país de origen en 1989 para participar en las protestas de la plaza de Tiananmen, trayendo consigo sus valores proimperialistas que absorbió en EEUU. Por su papel en las protestas – cuyo objetivo final era derrocar al Partido Comunista en el poder y promover un sistema político y económico del estilo del de EEUU – pasó dos años en prisión.

Liu está comprometido con un modelo político pluralista y sistema capitalista sin restricciones del tipo del que fue testigo de primera mano en EEUU. La Carta 08, el comité del Nobel, el gobierno de EEUU, y los medios de comunicación occidentales, todos ellos han designado al libre mercado, la libre empresa, la democracia representativa multipartidista como “valores universales”. El objetivo es desacreditar cualquier sistema que se oponga a la democracia capitalista como algo que estando en contra de los valores universales está por lo tanto condenado a fallar.

Liu estuvo de nuevo en la cárcel en los 90 por defender el fin del dominio del Partido Comunista y la conciliación del, apoyado por la CIA, Dalai Lama, el una vez jefe de una aristocracia feudal que era dueño de esclavos y vivía una vida suntuosa a expensas de los siervos tibetanos, antes de que el Ejército del Pueblo pusiera fin a su poder opresivo.

El último roce de Liu con las autoridades chinas ocurrió en diciembre de 2008 después de que firmara la Carta 08, un manifiesto que había ayudado a redactar. La carta fue publicada en el 60 aniversario de la Declaración Universal de los  Derechos Humanos y Libertades (UDHRF, por sus siglas en inglés) y en referencia a la Carta 77, un manifiesto anticomunista hecho público por disidentes en Checoslovaquia. Mientras que la UDHRF refrenda los derechos económicos (el derecho al trabajo y a un estándar de vida adecuado para la salud y el bienestar de uno y su familia, incluyendo alimentación, vestido, vivienda y cuidados médicos y los servicios sociales necesarios, y el derecho a una seguridad en el caso de desempleo, enfermedad, invalidez, viudez, edad anciana u otras faltas de sustento por circunstancias más allá del control de uno), los únicos derechos económicos que refrenda la Carta 08 son los privilegios burgueses. A ese respecto, el documento apenas puede considerarse en la misma clase que la UDHRF y, significativamente, es emblemático del tipo de protocolo de derechos humanos truncados favorecido en EEUU.

El 24 de junio del año pasado Liu fue acusado de agitación encaminada a la subversión del gobierno chino y al derrocamiento del sistema socialista. Fue condenado y actualmente cumple una condena de 11 años.

La prensa occidental describe a la Carta 08 como un “manifiesto que hace un llamado a la reforma política, los derechos humanos y el final del gobierno de partido único”, pero es más que eso. Es un manifiesto a favor de una operación de capitalismo sin restricciones en China.

La carta hace un llamado a favor de una economía de libre mercado, protección de la libertad de empresa, privatización de la tierra, y protección de los derechos de propiedad. Los derechos de propiedad, según los términos de la carta, se refieren no al derecho a ser propietario de una casa o un coche o un cepillo de dientes para uso personal sino a la libertad para que individuos reclamen de forma legal el excedente económico producido por campesinos y trabajadores a cuenta ajena – es decir, el derecho, a través de la propiedad privada del capital, a explotar el trabajo de otros a través de los beneficios, intereses y rentas.

Aunque el capitalismo prospera en China, no prospera sin restricciones y sin cierta supervisión y dirección por parte del Partido Comunista. Ni está la economía china completamente privatizada. Muchas empresas permanecen en manos estatales. Los redactores de la Carta 08 tienen en mente la eliminación de toda la propiedad estatal y de la planificación industrial – en otras palabras, la purga de los elementos socialistas que quedan de la economía china. Al mismo tiempo, al Partido Comunista, como la organización de masas con un compromiso con el socialismo (aunque sea para ser puesto en práctica en su totalidad solo en un futuro lejano) y que preserva celosamente la libertad de China para operar fuera de la órbita imperialista de EEUU, se le requeriría que renunciara a su papel como líder en la sociedad china. El poder político pasaría a los partidos que pasarían de forma inevitable a estar dominados por la burguesía china a través de su poder económico(1). Más que un país con una mezcla de características socialistas y capitalistas presidido por el Partido Comunista, se convertiría en una sociedad rigurosamente capitalista con los banqueros y los capitanes de la industria firmemente en control, su gobierno encaminado a la necesidad de enriquecer a su clase, no al progreso hacia un distante socialismo elevando los estándares de vida y expandiendo la base productiva del país.

La carta también pide la implementación de “grandes reformas en el sistema de impuesto para reducir la tasa impositiva”, y “crear las condiciones para el desarrollo de un sistema bancario en manos privadas.”

El mismo Departamento de Estado de EEUU no podría haber escrito un manifiesto más de acuerdo con los intereses corporativos y financieros.

Los paladines de la Carta 08 reunieron 10.000 firmas antes de que Beijing bloqueara su circulación en la Internet. Mientras que los medios occidentales citan esto como prueba de una oleada de apoyo para las exigencias de la carta (aunque 10.000 representa una fracción infinitamente pequeña de una población de más de mil millones), la coalición ANSWER en EEUU ha reunido cientos de miles de firmas de apoyo para cartas que piden el levantamiento del bloque de EEUU a Cuba, un nivel de oposición a la política de EEUU que empequeñece el apoyo a la Carta 08. Y a pesar de ello la colección de firmas de ANSWER de oposición a una política que tiene como objetivo promover los intereses del capital de EEUU es prácticamente ignorada en los medios occidentales, mientras que un pequeño movimiento que favorecería al capital de EEUU es presentado como su tuviera un apoyo generalizado. Esto, por supuesto, no es algo inesperado. Los medios occidentales naturalmente representan los intereses de la clase de familias de capitalismo hereditario y financieros de cuyos rangos proceden sus dueños. La naturaleza de clase de la sociedad capitalista y patrones de propiedad dentro de ella conllevan que los medios de comunicación de masas construyen una realidad congruente con los intereses de sus dueños.

De igual manera, el Premio Nobel, fundado por un químico e ingeniero sueco que amasó una fortuna como fabricante de armamento, no está libre de política. El comité del Nobel, un comité de cinco personas seleccionado por el parlamento noruego, se ha alejado una distancia considerable de las intenciones originales de Alfred Nobel. En su testamento, Nobel expuso las condiciones para el establecimiento y concesión del premio. “El susodicho interés se dividirá en cinco partes iguales, que será distribuidas como sigue: /- – -/ una parte a la persona que más haya hecho o que haya hecho el mejor trabajo por la fraternidad entre las naciones, la abolición o reducción de los ejércitos permanentes y por la celebración y promoción de congresos de la paz.” Aunque se puede argumentar en ambos sentidos sobre la cuestión de si las acciones de Liu merecen alabanza, no hay ninguna duda de que tratar de organizar la transformación de de la República Popular China e una replica de los Estados Unidos de América, y que te arresten por ello, de ninguna manera puede considerarse trabajar por la fraternidad entre las naciones, abolición de los ejércitos permanentes, o la celebración de congresos de la paz.

El doble rasero es además evidente en la condenación de las medidas de china contra los disidentes anticomunistas – uno de los objetivos de la concesión a Liu del Nobel de la Paz (los otros: legitimar la Carta 08 y demonizar la China gobernada por el Partido Comunista). La realidad es que cualquier sociedad revolucionaria, si se ha de defender con éxito de la contrarrevolución, debe limitar los derechos que serían usados para organizar la reversión de la revolución. Colocar las libertades políticas y civiles por encima de la preservación de la revolución, cuando la revolución está dirigida a mejorar las condiciones económicas de los campesinos y trabajadores chinos, sería declarar a los derechos políticos como superiores a los derechos económicos. Liu ha trabajado claramente hacia una contrarrevolución que llevaría a los derechos económicos a convertirse en algo marginal mientras que los derechos de los dueños del capital a organizar la sociedad exclusivamente de acuerdo con sus intereses pasarían a primer plano. Permitir a Liu que organice libremente el derrocamiento del actual sistema y su reemplazo por uno modelado según el sistema económico y político de EEUU sería situar a las libertades políticas por encima de los objetivos de conseguir independencia frente a la dominación imperialista y construir las bases materiales de una sociedad comunista.

Otras sociedades – incluyendo aquellas que pregonan sus credenciales como campeones de la democracia liberal – han violado libremente sus propios principios pluralistas y liberales para contrarrestar individuos, movimientos y partidos que han amenazado el modo capitalista de propiedad. La historia de la democracia capitalista occidental está repleta de instancias de estados pisoteando sin miramientos sus propios supuestamente apreciados valores democráticos liberales, desde la persecución, acoso y encarcelamientos de militantes socialistas, comunistas y de los movimientos sindicales, a la prohibición de huelgas y partidos políticos de izquierdas, a la abierta dictadura fascista. Allí donde militantes de izquierdas han amenazado seriamente con perturbar la tranquila digestión de los beneficios de los grandes negocios, su libertad para defender su posición abiertamente, organizarse y actuar ha sido recortada. Piensa en las redadas de Palmer en EEUU, el encarcelamiento de activista en contra de la Primer Guerra Mundial, la purga de comunista del servicio público y de Hollywood, la prohibición del Partido Socialista de los Trabajadores, y la supresión de los Panteras Negras. Prácticas similares fueron replicadas en otros países capitalistas. En Italia y Alemania, fuertes movimientos de los trabajadores fueron suprimidos por dictaduras fascistas.

Este es un patrón de comportamiento tan recurrente que se le puede dar el estatus de ley científica. El estado, tanto en las sociedades capitalistas como en las revolucionarias, de forma casi invariable viola los derechos a defender una posición, la libertad de asociación, y de prensa, para preservar el modo dominante de propiedad siempre que esté seriamente amenazado.

Es un hecho político que las restricciones de los derechos de individuos, movimientos y partidos a la defensa abierta de su postura y a organizar el derrocamiento del sistema económico actual son buenas o malas dependiendo de cuales sean las ideas políticas de uno. Los nacionalistas en países liberados aprobarán las restricciones de los derechos de los extranjeros y pobladores coloniales a poseer propiedades productivas sin restricciones; los capitalistas considerarán justificadas medidas que impidan a los movimientos cercenar los intereses capitalistas; y los comunistas se opondrán al derecho de individuos y grupos a organizar abiertamente una restauración capitalista en sociedades socialistas, de igual manera que los republicanos se oponen al derecho de los individuos y grupos a organizar abiertamente la restauración de monarquías dentro de las sociedades republicanas.

Mientras que Liu es inteligentemente presentado en los medios occidentales como un luchador por los derechos humanos y la democracia, su defensa de bajos impuestos, llamada a deshacerse de los elementos que quedan del socialismo de China, y promoción de un capitalismo robusto, no ha recibido prácticamente ninguna atención de los medios occidentales. Es difícil persuadir a la gente que el capitalismo es “un valor universal”, y la dedicación de Liu a convertir a China en una replica de EEUU – con sus crisis económicas, rescates de financieros adinerados y desempleo masivo para el resto – no es precisamente el tipo de cosas que va a conseguir mucho apoyo popular. Por lo tanto, los medios de comunicación occidentales sabiamente (desde su punto de vista) se han explayado en las aparentemente injustificadas duras medidas contra los disidentes de Beijing y no han explicado las implicaciones para China de la Carta 08, presentando las ideas de Liu en términos de sonido agradable, democracia y derechos humanos, mientras que empujan su entrega a los libres mercados, la libre empresa y los bajos impuestos a las sombras. Poner en práctica todas las demandas de la carta supondría con casi total seguridad la absorción de China hacia la orbita imperialista de EEUU, y cualquier oportunidad que el país tuviera de conseguir el socialismo, se esfumaría para siempre.

Para cualquiera preocupado con la promoción de los derechos económicos, o el debilitamiento del imperialismo de EEUU, o con las oportunidades de que el socialismo pueda un día florecer en el país más poblado del mundo, el intento del comité del Nobel de dar credibilidad a la Carta 08 confiriendo su premio de la paz a Liu Xiaobo no es en absoluto bienvenido. Es tan dañino a los intereses de la paz y el bienestar de la humanidad como lo fue concederle el premio del año pasado al Presidente Barack Obama de EEUU, quien ha ampliado el número de países a los cuales EEUU le está haciendo la guerra, y que ha intentado crear la ilusión de que la continuada misión de combate de EEUU en Irak ha finalizado cambiándole el nombre. De igual manera, Liu no ha hecho nada para avanzar el bienestar de la humanidad. Sus instrucciones, al igual que las del ganador del premio del año pasado, son expandir los intereses de los dueños del capital, particularmente los de aquellos radicados en EEUU. Liu no merece ningún apoyo, excepto de parte de la minúscula fracción de la población mundial que se beneficiaría de las demandas de la Carta 08. En vez de eso, es la acción de Beijing para preservar su libertad e independencia de la dominación exterior, y para mantener elementos de la economía socialista, lo que merece nuestro apoyo.

Notas

1. El Partido Comunista de China, de forma justificada, ha rechazado “las elecciones de estilo occidental…(como) un juego para los ricos.” Como un partido representativo explica: “Éstas están afectadas por los recursos y financiación que un candidato puede utilizar. Aquellos que consiguen ganar elecciones están fácilmente en el bolsillo de sus partidos o sus patrocinadores y se convierten en portavoces de la minoria.”

Edward Wong, “Official in China says Western-style democracy won’t take root there,” The New York Times, 20 de marzo, 2010

Fuente: http://www.globalresearch.ca/index.php?context=va&aid=21467