Por Glen Ford

Traducido por Jesús García Pedrajas y Mariola García-Pedrajas

¿Muertes en Kenya? Tribalismo. ¿genocidio en Ruanda? Tribalismo sumado al innato salvajismo de los africanos. ¿Fracaso en la construcción de mecanismos de gobierno que funcionen? Tribalismo sumado a la ausencia de responsabilidad inherente a los africanos. Los medios de comunicación europeos y estadounidenses ofrecen las mismas explicaciones para todo lo que va mal en África, independientemente de si saben algo o no sobre el país en cuestión. El tabú que hay que evitar es, por supuesto, la discusión sobre el legado del pasado colonial en el continente, especialmente cuando los conflictos tribales y los desórdenes sociales son directamente imputables a la previa dominación blanca. Lo último que necesita África son las recetas de sus antiguos amos, los destructores de civilizaciones.

Difícilmente se hace un relato de los asesinatos en Kenya sin hacer referencia al genocidio de 1.994 en Ruanda. A pesar de que ambos hechos son completamente diferentes tanto en su ámbito como en su trasfondo histórico, los hechos presentan pocas diferencias para los reporteros occidentales que agrupan todos los derramamientos de sangre en África bajo la misma categoría implícita: el barbarismo, salvajismo e inmutable tribalismo africanos. Ninguna explicación adicional se considera necesaria.

Nada que no pudiera esperarse de los periodistas que no son africanos, pocos de los cuales se molestan en ponerse al día sobre la situación actual de las naciones africanas y, prácticamente ninguno, es capaz de seguir el rastro de la crisis actual en África al (o hasta el?) dominio colonial. No, el “salvajismo” africano es suficiente para explicarlo todo. Es decir, Kenya en 2.008 es igual a Ruanda en 1.994.

En Kenia, parece que al menos un millón de votos han sido robados por el partido gobernante, dominado por el pueblo Kikuyu, en las elecciones del pasado mes. Cientos de personas han muerto y miles han sido desplazadas, mientras que la oposición, principalmente la etnia Luo, exige nuevas elecciones. Los reporteros occidentales, de manera casi uniforme, lamentan que Kenia ha sido durante un largo tiempo un “faro de la democracia” en el África postcolonial, olvidando mencionar que el dictador Daniel Arap Moi dominó el país durante veinticuatro a����os, para gran beneficio y satisfacción política de Gran Bretaña y EEUU. Pocos periodistas apuntan, o incluso aparentan conocer, el hecho de que fueron los británicos quienes, cuando se aproximaba la independencia keniata, dibujaron unas fronteras electorales que cercenaran la representación de aquellos grupos que podían resultar problemáticos.

En EEUU esto es conocido como “gerrymandering” (una corrupción del proceso electoral). En Kenya, según la catedrática de Estudios Africanos de la Universidad de Harvard Caroline Elkins, se trata del método usado por los británicos para continuar con su legado de manipulación étnica, incluso después del fin de su dominio colonial. Como cita la catedrática Elkins, ���������������tanto los conflictos étnicos como las quejas asociadas a ellos son fenómenos coloniales”.

Bélgica usó el tribalismo para obtener el máximo beneficio en Ruanda, un pais que, incluso en el periodo precolonial, había sido dominado por la minoría Tutsi. Los belgas hicieron este hecho oficial, distribuyendo tarjetas de identificación que designaban a Hutus y Tutsis, y favoreciendo a los Tutsis en los negocios, la educación y la política durante el periodo colonial, lo que acentuó la división étnica. El régimen militar Tutsi que tomó el poder después del genocidio y la derrota de los nacionalistas Hutus es, en este momento, uno de los más fieles clientes de Washington en África, junto a su hombre fuerte en Uganda, que ha aplicado políticas de represión brutal sobre el pueblo Acholi de su propio pais.

El tribalismo ha tenido muchos usos para las potencias imperialistas, que acentúan enormemente las divisiones de ese tipo. Se trata, por supuesto, de usar la estrategia de “divide y vencerás”, como forma de dominaci����n directa o indirecta. Es también una forma conveniente, y ligada a la idea de supremacía Europea, de explicar todos aquellos males que aquejan a África. Gran Bretaña y EEUU han apremiado a los keniatas a que “se comporte de manera responsable”, como si el innato infantilismo e irresponsabilidad africanos fueran el origen del problema. Los antiguos colonizadores y ahora imperialistas no tienen ningún papel positivo que jugar en Kenia, tan solo el deseo de preservar sus propios intereses económicos y militares. Deberían permanecer al margen.

Artículo original:

http://www.blackagendareport.com/index.php?option=com_content&task=view&id=486&Itemid=1