Por Nicolás García Pedrajas

Escribió Marx hace ya un siglo que “la historia ocurre dos veces: la primera vez como tragedia y la segunda como farsa”, y observando el espectáculo de la aprobación de la ley del referéndum de Cataluña en el Parlament no podemos dejar de recordar a Marx y lo acertado de su apreciación. Viendo a los representantes de la burguesía de una de las regiones más ricas de España junto a los progres de ERC y los “revolucionarios” de salón de la CUP levantando el puño y entonando “El segadors” mientras la ensalada de Catalunya Sí que es pot se pone de perfil es difícil imaginar algo más esperpéntico. Que estos pequeños burgueses pretendan vender su independencia como un ejercicio de liberación del yugo opresor español es sin duda una gran farsa.

Esta farsa se torna más penosa cuando se ve la vergonzosa actitud de una parte importante de la izquierda1 política de España. Que la oligarquía y las clases altas de una región rica quieran independizarse del resto de un país para no compartir su riqueza no es nada nuevo. Ya ocurre en Milán con la Liga Norte o en Bolivia con la región de Santa Cruz. La burguesía de estas regiones más ricas siempre ha sido insolidaria y supremacista rayando en el racismo. Lo vergonzoso es que la izquierda cobarde no sea capaz de denunciarlo y se comporte con sumisión ante el avance del egoísmo nacionalista catalán.

En el primer error que cae la izquierda es el haber confundido a Cataluña con los independentistas. Los estudios sociológicos demuestran que el independentismo se enraíza fundamentalmente en las clases altas y en la parte más acomodada de las clases medias. Las clases trabajadoras están muy ajenas a ello. Supongo que porque los trabajadores catalanes saben perfectamente que mover el centro de poder a la oligarquía catalana les va a servir de poco. Como esta clase social burguesa tiende a sentirse el centro del universo y ha conseguido monopolizar el espacio político de lo que era la izquierda, también ha conseguido que se identifique a Cataluña con sus intereses. Este primer gran error hace que la izquierda se haya vuelto testimonial en Cataluña y haya sido sustituida por los “progres” oportunistas de ERC y Catalunya Sí que es pot o los tontos útiles de la CUP.

Con un enorme complejo de inferioridad y paralizada por el miedo a ser acusada de estar contra la democracia, la izquierda no es capaz de tener una voz propia. Y eso a pesar de que los estudios sociológicos dejan claro que la clase trabajadora catalana no es independentista. Cayendo en el fetichismo del referéndum ha renunciado a cualquier defensa de la clase trabajadora catalana y del resto de España. Primero reconociendo un absurdo como el “derecho a decidir”, algo que no tiene pies ni cabeza desde el punto de vista jurídico. Segundo aceptando el “derecho de autodeterminación” en el caso catalán, a pesar de que resulta ridículo. El derecho de autodeterminación está reconocido en la legislación internacional para el caso de colonias o minorías oprimidas. Hay que ser muy hipócrita o muy ignorante para pensar que Cataluña se puede encuadrar dentro de cualquiera de las dos categorías2. Nunca la izquierda puede apoyar el derecho de autodeterminación basado en los intereses económicos de las burguesías de las regiones ricas.

En Cataluña el movimiento independentista simplemente cree que una vez ha sacado todo el beneficio que podía de las regiones más pobres de España ahora no está dispuesta a participar en la solidaridad interregional. Está persuadida que siendo Cataluña más rica que el resto de España, solas la oligarquía y burguesía catalanas estarían mejor. Igual que los multimillonarios buscan sus paraísos fiscales, la burguesía de Cataluña cree que la independencia es su propio “paraíso fiscal”. Lo pondré en mayúscula para que quede claro: “NO, LA OLIGARQUÍA Y LA BURGUESÍA DE UNA REGIÓN MÁS RICA QUE SE HA APROVECHADO DEL TRABAJO PRECARIO Y POCO REMUNERADO DE LAS PERSONAS PROCEDENTES DE LAS REGIONES MÁS POBRES COMO SI FUERAN COLONIAS NO TIENE EL DERECHO A DECIDIR SEPARARSE CUANDO YA CREE QUE NO PUEDE SEGUIR EXPLOTANDO A LOS TRABAJADORES DE ESAS REGIONES”. Y es vergonzoso que cualquiera que se llame de izquierdas defienda ese derecho a decidir. ¿Apoyamos también a la Liga Norte que defiende la secesión del rico norte de Italia del sur pobre3? ¿A la región de Santa Cruz en Bolivia por las mismas razones?

Para tapar esta verdad incómoda, el nacionalismo catalán ha tratado de inventar una justificación que no sea la simplemente económica, aunque el “España nos roba” siga siendo el leit motiv de todo el “procés”. Justificaciones como la corrupción de España hechas desde una coalición liderada por el partido del “tres por ciento” resultan cómicas. O el supuesto retraso de España que estaría reflejado en la mayoría del PP denunciado desde una región donde ha gobernado durante la mayor parte de la democracia una derecha tan retrógrada o más que el PP también resulta penoso. Incluso durante décadas ha tenido su propia “familia real” en el clan Pujol.

Las críticas al nacionalismo español por parte del nacionalismo catalán también resultan cómicas, porque ambos nacionalismos son idénticos. El franquismo decía que España era una, grande y libre. La falange definía: “España es, ante todo, una unidad de destino; una realidad histórica; una entidad, verdadera en sí misma, que supo cumplir –y aún tendrá que cumplir– misiones universales.” Escuchen a los representantes del nacionalismo catalán y verán como para ellos esa sería una definición perfecta para Cataluña. Igual que el franquismo tenía una visión excluyente de una España donde solo cabían ellos, el nacionalismo catalán tiene una visión de pureza independentista donde los demás no caben. Tan es así que en su recién aprobada “constitución catalana” lo primero que hace es garantizar la indivisibilidad de Cataluña. ¡Toma derecho a la autodeterminación! Sin duda alguna la constitución catalana bien podría empezar por “Cataluña, una, grande y libre”.

En muchos aspectos incluso comparte, como la gran mayoría de nacionalismos, la ideología del fascismo. Como primer aspecto el nacionalismo catalán reinventa un pasado glorioso en el cual se crea una historia mitológica de la patria. Da lo mismo que la historia sea tan real como la mitología griega. En ese pasado glorioso ha creado una Cataluña que combatió al franquismo que nunca existió. Especialmente la burguesía catalana convivió con el dictador sin más oposición que en el resto de España. En segundo lugar se crea una identidad nacional excluyente en la cual hay un catalán de verdad y los demás son traidores a la patria. Finalmente se crea un enemigo exterior, en este caso España, que representa todos los males y que se usa para reafirmar la propia identidad. Todos estos rasgos son propios del fascismo. Si además se hace un repaso de las declaraciones de los principales líderes independentistas la xenofobia y el racismo son lugares comunes.

A esto se une un victimismo que resulta absolutamente ridículo4. Cataluña no es ninguna colonia, de hecho su comportamiento con las regiones pobres del resto de España tiene mucho de la rapiña de la metrópoli. La burguesía catalana que ahora se declara independentista se ha beneficiado durante el último siglo del latifundio de Andalucía y Extremadura que le proporcionaba materias primas baratas y mano de obra que huyendo de la pobreza era fácilmente explotada. Que ahora el nacionalismo catalán quiera irse con sus ganancias es comprensible pero no algo que deba defender cualquier persona mínimamente de izquierda.

Pero la izquierda se ha hincado de rodillas ante el tótem de la secesión y el mantra de que los catalanes quieren votar. Como si cualquiera de las dos cosas fuera un sello de democracia. El secesionismo en sí no es símbolo de ningún tipo de libertad ni es un derecho en sí mismo. En la guerra civil americana fue el sur esclavista el que declaró la secesión. Y es seguro que el apoyo a mantener la esclavitud en la Confederación era mucho mayor que el apoyo al referéndum en Cataluña. ¿Puede alguien de izquierda defender que lo democrático hubiera sido permitir un referéndum que garantizara el mantenimiento de la esclavitud y la secesión de la Confederación?

Es seguro que el apoyo en una gran parte de los países europeos a una consulta para expulsar a los inmigrantes es bastante alto. Si poner urnas es el colmo de la democracia y un referéndum para expulsar a los inmigrantes seguro que tendría el apoyo de una parte importante de la gente, ¿debemos apoyarlo entonces en nombre de la democracia?

Algunos de los líderes de los partidos independentistas de “izquierda”5 se han dado cuenta de la contradicción que existe entre su pretendida ideología de izquierda y el apoyar la secesión de una de las regiones más ricas de España al grito de “España (por supuesto la España pobre) nos roba”. Ante eso ha encontrado un relato que se mueve entre el supremacismo y el paternalismo. Para ERC y la CUP, la independencia de Cataluña puede ser la palanca que ayude a los españoles a salir de su atraso histórico. Debemos estar muy agradecidos por enseñarnos el camino a la libertad. Me abstengo de comentar qué me parece este argumento, creo que se comenta solo.

Ante el absurdo de su posición y el ridículo que será una eventual declaración de independencia, el independentismo está tratando de buscar una respuesta de fuerza por parte del estado. Creer que otros países, la mayoría de los cuales tienen sus propias regiones ricas e insolidarias, van a dar cobertura a una declaración unilateral de independencia es pueril. Como también es pueril la izquierda que critica al gobierno por tratar de evitarlo. Cualquier país, y eso incluye a países con gobiernos revolucionarios como Cuba, protegen su integridad territorial. No hay otra opción. Pensar que eso es algún tipo de excepción española es absurdo, cuando hay decenas de ejemplos de países, muchos de ellos en la misma Europa, que han dejado claro que no hay espacio para la secesión de sus regiones, como el caso de Francia con Córcega, Italia con Milán o Alemania con Baviera.

El último paso del esperpento, la convocatoria de la consulta del 1 de octubre, podría figurar en los libros de historia del absurdo. Se pretende declarar la independencia a través de un referéndum sin censo, sin garantía legal ni juntas electorales imparciales, con las papeletas impresas en casa y como urnas las cajas de la fruta. Un referéndum convocado por partidos que aglutinan menos de la mitad de los votantes, sin dejar hablar a la oposición y dirigido solo a la mitad de los catalanes. Y encima se permiten el lujo de poner como ejemplo de democracia esa pantomima. Un referéndum que ni siquiera exige una participación mínima para ser vinculante, sin campaña electoral, sin acuerdo sobre cómo se produciría la secesión y sin reconocimiento internacional. Se le podría recordar a Cataluña los casos de Osetia del Sur o Abjasia para que vean el futuro de una declaración unilateral de independencia..

Al menos si siguen adelante con su declaración de independencia nos podremos reír un rato.

1 Aunque no me gusta usar el término izquierda porque ha sido completamente vaciado de contenido en partidos que van desde lo social liberal a un “progresismo” pijo lo usaremos en este artículo para no llamar a equívocos.

2 Sobre las comparaciones de algunos nacionalistas catalanes entre Palestina y Cataluña no voy a hacer ningún comentario, creo que se definen por sí solas. Más aún, cuando Convergencia que ha liderado todo el proceso independentista siempre ha sido un aliado fiel de Israel.

3 Al menos la Liga Norte tiene la decencia de exponer claramente que su secesión es solo por motivos económicos y nos ahorra el espectáculo de la gloriosa nación catalana.

4 No voy a recordar a Pep Guardiola pidiendo ayuda a la comunidad internacional para la Cataluña oprimida por España por respeto a la salud mental de los pocos lectores de este blog.

5 Ponemos izquierda entre comillas porque es evidente que el nacionalismo es de base incompatible con la izquierda. Ninguna ideología excluyente que enfrente a la clase trabajadora de unas regiones con otras puede definirse como de izquierda.