Por Nicolás García Pedrajas

Pensaba comenzar este artículo diciendo que este es simplemente un análisis más del fracaso electoral de Unidos Podemos, pero me he puesto a pensar y realmente apenas he leído nada donde realmente se analice las causas del fracaso. Casi todos los artículos sobre el tema provienen del entorno mediático de Podemos y sus boletines oficiales, El Diario, Infolibre, Público, etc., y están centrados en dos ideas recurrentes. Por un lado los hay que simplemente niegan el fracaso y argumentan que el hecho de que Unidos Podemos haya consolidado sus 71 escaños de diciembre es un éxito sin precedentes. Y los hay también que admiten el fracaso pero que no lo achacan a Unidos Podemos sino al votante que no sabe lo que le conviene y es estúpido por no votar a Unidos Podemos, esto se adereza con diferentes niveles de insultos y menosprecios especialmente a la clase trabajadora. Sobre ese tema ya escribimos en este mismo blog un artículo.

Es evidente que para argumentar las razones del fracaso electoral de Unidos Podemos lo primero es establecer si los resultados del 26J han sido efectivamente un fracaso para esta formación. En diciembre en las elecciones generales los cuatro partidos más votados fueron PP con 7.2 millones de votos, PSOE con 5.5 millones, Podemos + IU con 6.1 millones y Ciudadanos con 3.5 millones. Seis meses después los resultados fueron PP 7.9 millones de votos, PSOE 5.4 millones, Unidos Podemos 5 millones y Ciudadanos 3.1 millones. Nos encontramos con un partido que sube significativamente, el PP, dos partidos con un descenso moderado, el PSOE y algo más significativo Ciudadanos, y una coalición, Unidos Podemos, que pierde uno de cada cinco de los votos obtenidos en diciembre. Una coalición además que en repetidas ocasiones durante la campaña expresaba su convencimiento de estar en disposición de superar al PP, partido que en los resultados reales lo supera en más de dos millones de votos.

En principio, un descenso electoral o un resultado negativo no tienen por qué ser automáticamente un fracaso para un partido político. Si se plantea un partido de izquierda desde principios ideológicos sólidos y las elecciones como una forma más de lucha por los intereses de la clase trabajadora, el resultado electoral es secundario, porque el objetivo es otro. Sin embargo, Unidos Podemos presentó la coalición de Podemos e IU exclusivamente en clave de victoria electoral. Nunca hubo otro argumento que el de ganar1, ni siquiera quedó muy claro qué se pensaba hacer una vez se accediera a las instituciones dentro de un programa contradictorio en el cual se defendía la permanencia en el euro y a la vez se renegaba de las políticas de austeridad que son parte constituyente de éste.

Con este planteamiento de Unidos Podemos de convertir la política en marketing y los partidos políticos en meras mercancías de consumo, el éxito o el fracaso lo miden los resultados electorales, de la misma forma que el éxito de un anuncio de detergente lo miden sus ventas. Y en ese mercado electoral Unidos Podemos ha cosechado un rotundo fracaso. En un escenario en el cual a excepción del traspaso de una parte de votantes de Ciudadanos de vuelta al PP el resto ha quedado de forma muy similar al 20D, la pérdida de más de un millón de votos no puede ocultarse que significa una debacle del proyecto de Unidos Podemos.

Ante estos números incontestables algunos justifican el resultado diciendo que no hay precedente de un éxito electoral como el de Podemos en la historia. La recurrencia de Podemos al argumento de haberlo inventado todo es contumaz, y en esta caso, como en la mayoría de las ocasiones, tal afirmación es errónea. Existen muchos casos similares, en Italia el Movimiento 5 Estrellas alcanzó el 25.5% de votos al presentarse por primera vez en 2013, en Inglaterra el UKIP consiguió el 27.5% en las elecciones europeas de 2014, en Finlandia Verdaderos Finlandeses pasó del 4% en 2007 al 19% en 2011, Syriza pasó en Grecia del 4.6% en 2009 al 36.3% en enero de 2015. Hay muchos más ejemplos de situaciones de crisis en las cuales partidos nuevos, o partidos preexistentes pero apenas testimoniales, han obtenido una gran representación aprovechando el descontento ciudadano. Como en muchas otras cosas Podemos tampoco es muy original en este aspecto.

Es claro pues que sí ha habido fracaso, más complicado es discernir las razones del mismo. Se trata de intentar saber qué ha ocurrido en un cuerpo electoral de millones de votantes cada uno con una visión y situación personal distinta. Y por supuesto, en cualquier razonamiento influye de manera significativa la posición política del autor. Es evidente que cada uno esgrime en parte las razones que querría y no solo las razones que cree. Por eso, aquí van mis razones del fracaso de Unidos Podemos.

En primer lugar, el fracaso de Unidos Podemos significa también el fracaso de algunas de las mentiras que han sido repetidas una y otra vez por los líderes de la nueva política sin más base real que el coro mediático que las ha repetido sin descanso. La falacia más repetida ha sido la de que la confluencia no suma, sino que multiplica. Escuchamos una y otra vez desde las pasadas elecciones municipales esta afirmación sin ninguna base. Se ponían como ejemplo recurrente los casos de las alcaldías de Madrid y Barcelona, ignorando el peso de figuras mediáticas como Carmena y Colau, e ignorando también la exigua mayoría obtenida en ambos casos, especialmente en Barcelona. Se ignoraba también el resto de ayuntamientos donde la confluencia ni siquiera había sido capaz de recoger el voto al completo de los confluyentes2.

Como en la mayoría de planteamientos de la “nueva política” este tipo de afirmaciones vanas, “significantes vacíos” que diría Íñigo Errejón, no tiene por qué basarse en ningún concepto real. El hecho de que las coaliciones políticas no solo no multiplican, sino que restan, es bien conocido en los procesos electorales desde hace años. Como en tantas otras cosas, da la sensación de que Podemos cree haber inventado también las coaliciones y por eso desdeña e ignora todas las experiencias anteriores. Que Unidos Podemos no iba a sumar el total de votos de Podemos e IU era previsible, suponer que iba a sumar una cantidad significativa de votos adicionales, como repetían Iglesias o Garzón, era bastante absurdo. Lo esperable era que una parte del electorado más ideológico de IU y del electorado más transversal, es decir a la derecha, de Podemos no se viera representado en la coalición, como de hecho ha ocurrido.

Sin embargo, lo que quizás no era tan esperable era el fracaso tan rotundo con la pérdida de más de un millón de votos. Y ahí es donde entra el análisis de las razones del fracaso. Es evidente que se trata de un asunto complejo, por la misma naturaleza que presenta un fenómeno tan ambiguo como Podemos. Hay que recordar que Podemos nace a partir de la negativa de IU a aceptar el chantaje de Pablo Iglesias para encabezar la candidatura a las elecciones europeas y se forma con un grupo de profesores universitarios que cree que puede capitalizar el descontento de sociedad española en su segmento de pequeña burguesía para obtener una victoria electoral. Desde el principio es un grupo heterogéneo, líquido en sus planteamientos políticos y con el único objetivo de acceder al poder cualquiera que sea el medio.

Así surge un partido que desde el inicio es abiertamente ambiguo, que usa un lenguaje simple y que se basa en aprovechar el rechazo pero sin proponer nunca una forma propia de llevar a cabo sus genéricos fines.

Por ello explicar el fracaso a partir de algo tan poco homogéneo como la base electoral de Podemos es complicado. Sin embargo, sí existe un hecho diferencial entre la convocatorias de elecciones en diciembre y junio que nos puede ayudar a estudiar mejor el fenómeno, este hecho es la coalición de Podemos e IU en Unidos Podemos. Aunque algunos “analistas” han culpado al comportamiento de Podemos a partir del 20D de parte de la debacle del 26J, yo no creo que en esa idea. Podemos a partir del 20D no ha mantenido una estrategia diferente a la que tiene desde su creación. Su postura ambigua, la soberbia de sus líderes o el continuo postureo mediático son una constante desde sus inicios. Por eso, no creo que la mención a la “cal viva” de Iglesias en el debate de investidura, la inaudita oferta de pacto humillante a Pedro Sánchez en una rueda de prensa o el hecho de parecer querer forzar al PSOE a no aceptar un gobierno en coalición que nunca dio la impresión de buscar de verdad, hayan hecho mella en un electorado que parece aprobar esas prácticas.

Sí creo que el pacto, que supone una diferencia sustancial con respecto a las elecciones del 20D, ha tenido la repercusión suficiente en el electorado de Podemos e IU para explicar la pérdida de un millón de votos. Más aún, creo que es una buena noticia porque significaría que la política atrápalo todo y la permanente consideración del votante como un títere al que se puede manejar tiene sus límites.

Las razones de por qué el pacto ha sido tan negativo creo que son evidentes. En primer lugar, el pacto dejó en evidencia la hipocresía y falta de principios de los principales líderes de ambos partidos. No es posible, dentro de un mínimo de coherencia, pasar de la crítica feroz entre ambas formaciones al matrimonio en cuestión de días. Por parte de IU no se puede pasar de decir que Podemos es la nueva UCD a decir que es la esperanza de la clase trabajadora. Por parte de Podemos no se puede decir que IU está anclada en el pasado y que son parte de la vieja política y la casta a unirse en santo matrimonio3. Por fuerza esto ha de hacer mella en el electorado que va más allá de la ciega devoción al líder.

Es por ello que la estrategia tanto de Podemos como de IU para vender el pacto ha distado mucho de ser una estrategia coherente y honesta. En lugar de reconocer la impostura de las críticas entre los líderes de ambas formaciones como una simple estrategia electoral, ambos se empeñaron en manejar el pacto con la sana intención de tomar por estúpidos a sus votantes.

Como forma de hacer frente a las contradicciones que el pacto suponía respecto a la campaña de diciembre, se trató de vender el pacto como un matrimonio de conveniencia, literalmente. En lugar de explicar cómo Podemos había pasado de ser la nueva UCD al nuevo partido Bolchevique, se trató de presentar a los votantes de IU la coalición como algo que no modificaba en nada los principios de la propia IU. En el otro extremo, Podemos, trató de vender el pacto a veces sí y a veces no. Dependiendo del auditorio y del momento se incidía en la transversalidad o se levantaba la bandera del Frente Popular. En el mismo mitin, mientras Iglesias levantaba el puño Errejón cantaba la Macarena, en un ejercicio de cinismo difícil de superar.

Se plantearon campañas separadas, pretendiendo hacer olvidar al votante que solo había una papeleta, un grupo parlamentario y una acción de gobierno. Si Unidos Podemos llega a tocar poder, ¿qué programa aplicaría, el de IU o el de Podemos? Lo del programa de mínimos es una estafa más, porque la acción de gobierno es algo mucho más amplio y complejo que un programa de mínimos que es solo una serie de afirmaciones genéricas de escasa aplicación práctica.

Desde el principio la estrategia fue contentar a todo el mundo, sin tratar en ningún momento de dar coherencia al pacto. Garzón podía afirmar que él era comunista pero que Unidos Podemos no lo era. Reduciendo así su condición de comunista, y por extensión la del PCE, a algo de su esfera personal sin influencia en su acción política. Unidos Podemos trató de convivir con Julio Rodríguez como número uno por Almería, general de la OTAN cómplice de la destrucción de Libia, y el no a la OTAN de IU. Todo ello parece que, afortunadamente, se le ha acabado volviendo en contra.

La ironía de la situación es que en realidad tal contradicción entre IU y Podemos ya no existe porque la ideología de izquierda que debería diferenciar a ambos es usada dentro de IU solo como reclamo electoral pero sin ningún convencimiento real. Pero sus líderes no tienen el valor de explicarlo a sus votantes y militantes. La facilidad del acuerdo Podemos – IU, cerrado en pocas horas y cuyo único escollo fue el reparto de sillas, demuestra cómo IU había asumido ya el discurso de Podemos. La proclamas anticapitalistas, contra el euro, el imperialismo o la monarquía, son solo proclamas vacías para contentar a los votantes que pocos líderes de IU creen de verdad. Sin embargo, es evidente que esta postura, que hubiera dado coherencia al pacto, hubiera significado reconocer por parte de los líderes actuales de IU la falta de principios ideológicos que algunos llevamos denunciando desde hace tiempo.

Este discurso ambiguo, contradictorio y abiertamente hipócrita no es nuevo. Para Podemos el PSOE bascula en su discurso desde la esperanza de la izquierda en España, cuando se le ofrece un pacto, a ser la otra pata del “régimen del 78” y formar parte del PPSOE. Parece, sin embargo, que ese discurso ha tocado techo.

En esta situación, estoy firmemente convencido que la pérdida de votos de Unidos Podemos viene dada en su mayoría por los antiguos votantes de IU que se han negado a votar con una pinza en la nariz. Parece ser que los dirigentes de IU conocen poco a sus votantes y no entienden que para votar a un remedo del PSOE ya se habrían pasado a votantes del PSOE hace tiempo. Parece también que los votantes de IU le han dado una lección de dignidad a los dirigentes y militantes de esta formación. Mientras los dirigentes aceptaban la venta de sus principios a Podemos por un puñado de sillones y los militantes aplaudían enfervorizados, los votantes no han respaldado sacrificarlo todo por ganar y han preferido no votar a una coalición en la cual no veían representados la casi totalidad de sus principios e ideales políticos. Parece ser que los votantes no se tragaron ese cuento de tratar de estar y no estar en Podemos que la militancia de IU compró mayoritariamente.

Finalmente creo que la campaña de IU tampoco ha debido ayudar mucho a que el electorado de IU apoyase a Unidos Podemos. Se ha repetido de nuevo una campaña de idolatría al líder, sin mensajes políticos y fiándolo todo a la imagen de Alberto Garzón. La campaña en redes sociales oficial de IU sería suficiente para desmovilizar a cualquier votante con un mínimo de coherencia ideológica. Ante una etapa del capitalismo cada vez más agresiva, IU se ha dedicado durante la campaña a poder fotos de Garzón disfrazado con coronas de flores, fotos de mujeres con el mensaje “Garzón melofo”4, videos de Pokemon o montajes de Garzón imitando a personajes de la serie Juego de Tronos. Una campaña adolescente y friki muy alejada de lo que significa la clase trabajadora. Imagino lo que se le pasará por la cabeza a un parado o parada, a un jubilado que ha de mantener con su pensión a toda la familia, a un padre o madre con todos sus hijos en paro o con empleos basura cuando vea en el Facebook de Izquierda Unida una camiseta con el mensaje “Garzón me lo follaría”4. Y todavía hay quién se pregunta por qué muchos trabajadores votan a la derecha.

1De hecho, en Izquierda Unida, el argumento de la victoria electoral ha sido esgrimido casi en exclusiva para justificar la sumisión a Podemos ante sus militantes.

2Un análisis más detallado de la falsedad de este supuesto éxito de las confluencias en las municipales puede encontrarse aquí.

3Para un resumen de todas está contradicciones se puede consultar este artículo.

4“Melofo” significa en jerga adolescente “me lo follaría”.