Glen Ford, Black Agenda Report

10 de mayo de 2016

Traducido por Mariola García Pedrajas

La presidenta de Brasil Dilma Rousseff, del Partido de los Trabajadores, aunque libre de corrupción a nivel personal, está siendo acosada para expulsarla del poder por chillonas manadas de hienas políticas totalmente corruptas. Este “golpe de estado blando” lo lideran antiguos socios en el cuerpo legislativo nacional, donde el Partido de los Trabajadores mantiene menos de un sexto de los escaños. Pero la debacle es una lección para aquellos izquierdistas que creen que pueden caminar hacia la revolución social a través de la diplomacia y la negociación.

El escándalo destapa que la corrupción es algo generalizado en todo el sistema – pero solo Rousseff y su partido están en el punto de mira.”

Si los políticos brasileños que claman que se destituya a la presidenta Dilma Rousseff se opusieran a la corrupción, se destituirían a sí mismos, puesto que el 60% de ellos se enfrenta a algún tipo de cargos de corrupción. Rousself a nivel personal está limpia. Su delito nominal fue manipular las cifras de los presupuestos para que su gobierno pudiera continuar con los programas de ayuda a los pobres después de que la economía se viniera abajo debido a la desaceleración de la economía global. Pero, cuáles son en realidad los cargos contra Rousseff apenas se mencionó cuando la Cámara Baja del poder legislativo brasileño votó destituirla, que es por lo que el presidente de la Cámara Baja anuló durante un periodo de tiempo breve el proceso de destitución – y después se desdijo a sí mismo menos de un día después, despejando el camino para que el Senado lleve a Rousseff a juicio y la aparte del cargo.

El Partido de los Trabajadores de Dilma Rousseff y sus aliados en la izquierda como el MST, El Movimiento de los Trabajadores Rurales sin Tierra, han denominado a la campaña por la destitución de “golpe blando,” y han visto el largo brazo de los Estados Unidos en acción. En 2013 Rousseff censuró a la administración Obama por espiarla ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, en Nueva York. Los jefes de espionaje de EE.UU. no encontraron nada contra Rousself, quien está limpia, pero descubrieron mucho sobre el gigante estatal del petróleo brasileño, Petrobas, que está en el centro de una red de corrupción que implica miles de millones en sobornos y pagos a políticos y hombres de negocios afiliados con todo el espectro de partidos políticos brasileños, incluyendo, por supuesto, el Partido de los Trabajadores de Roussell. El escándalo destapa que la corrupción es algo generalizado en todo el sistema – pero solo Rousseff y su partido están en el punto de mira.

La desintegración de alianzas de conveniencia

La Izquierda brasileña dice que llevará la lucha “a las calles” y se movilizará internacionalmente para derrotar el golpe de estado legislativo “blando”. Pero sus simpatizantes fuer de Brasil debe preguntarse, ¿cómo se llegó a esto? ¿Cómo un partido que, desde 2002, ha ganado mayorías del voto nacional incluso después de que la economía se agriara se encuentra a sí mismo siendo acosado para que abandone el poder por chillonas manadas de hienas políticas totalmente corruptas?

El Partido de los Trabajadores tenía una enorme masa de seguidores a nivel nacional, pero constituye solo sobre un 15% de la asamblea legislativa del país. En etapas tempranas, su líder carismático, “Lula” da Silva, hizo alianzas con partidos a su derecha, a nivel de estado y nacional. Mientras más se enredaba el Partido de los Trabajadores con sus socios de conveniencia capitalistas, más se alejaba del apoyo de sus bases. El Partido de los Trabajadores adoptó la austeridad neoliberal cuando los tiempos se hicieron difíciles, y compartió puestos del gabinete ministerial y fondos de campaña con sus antiguos amigos de la derecha. Esta relación se reflejó aparentemente en el ámbito de la corrupción, también, con una horda de partidos participando en la fiesta. Mientras tanto, la profundamente reaccionaria y despiadada clase dirigente brasileña, la cual tiene el monopolio de los medios de comunicación, esperaba su oportunidad para destruir al Partido de los Trabajadores, incluso ante el riesgo de caos económico y social. Este “golpe de estado blando” podría volverse muy, muy duro, muy rápidamente.

La Izquierda pende de un hilo en Brasil, ha sido derrotada en Argentina, y se encuentra a mitad de camino de la puerta en Venezuela, porque el poder de los capitalistas en esos países permaneció intacto. El capitalismo es la corrupción máxima, que nunca ceja hasta que se le arranca de raíz.

Artículo original en inglés:

http://www.blackagendareport.com/soft_coup_brazil