Por Nicolás García Pedrajas

George Orwell en su novela 1984 inventó la Neolengua, una forma nueva del inglés que permitía al gobierno totalitario evitar que nadie se le opusiera porque ni siquiera existirían las palabras necesarias para expresar su oposición. La Neolengua también tenía como objetivo tergiversar la realidad de manera que el lenguaje fuera una forma de manipulación desconectada completamente de los hechos.

La “nueva política” también ha creado su Neolengua aunque con un objetivo parcialmente diferente. Ante el hecho de que la “nueva política” es simplemente una repetición de lo mismo que ya hemos visto en muchas ocasiones, cualquiera que lo recuerde puede comparar las semejanzas enormes de Podemos y el PSOE del 82, o de IU y el PCE de Carrillo, o de Felipe González y Pablo Iglesias, la “nueva política” inventa su Neolengua para tapar sus vergüenzas. Esta Neolengua consiste en la exposición continua de ideas y mensajes vacíos junto con el desprecio más absoluto por la realidad.

El primer paso fueron esos significantes vacíos de Ernesto Laclau: una forma de nominación lo suficientemente laxa como para dar cuenta de todas las demandas en conjunto, pero de ninguna en particular”. Es decir, sustituir los conceptos claros que implican hechos concretos por palabras vagas que no significan nada y por tanto pueden ser aceptados por todos. Conceptos como ilusión, repensar, casta, gobernar para la mayoría, sentido común, horizontalidad, los de abajo, ruptura democrática, proyecto constituyente, y un largo etcétera de términos que no significan nada porque lo pueden significar todo. Este tipo de política tiene la ventaja de atraer a mucha gente porque cada uno interpreta el “significante vacío” como quiere y además le permite aceptar un mensaje sin apenas esfuerzo intelectual alguno. Tiene también la ventaja de no comprometer a nada al cargo electo, porque nada concreto ha prometido. Como ya conocemos por la experiencia del PSOE de 1982, el abandono por parte del votante de proyectos así tarda años en ocurrir dando tiempo a la “nueva política” a controlar los resortes de la perpetuación en el cargo. Se trata por tanto del viejo uso de tomar el poder simplemente por el poder en sí, no por tener ningún proyecto de política concreto. Como se suele decir “quítate tú para que me ponga yo”.

Así, los dos partidos que más se disputan ese espacio de la “nueva política” en su ala izquierda1, aunque con desigual fortuna, Podemos e IU disfrazada de Unidad Popular, usan constantemente estos significantes vacíos, junto con apelaciones a grupos sociales también vacíos como gente, ciudadanos o los de abajo. Así se cumple un doble objetivo, vaciar de contenido el mensaje y vaciar de contenido a quién se dirige el mensaje. Para el capitalismo este lenguaje tiene además la inestimable utilidad de esconder la existencia de clases sociales, uno de sus objetivos propagandísticos más codiciados. De esta forma el servicio de la “nueva política” al poder capitalista es proporcional a la promoción mediática que éste le ha facilitado en los últimos dos años.

Un complemento de estos significantes vacíos es la falta de exposición de la forma de conseguir los objetivos. Se exponen los deseos pero no cómo llevarlos a cabo, en un ejercicio infantil de convertir la política en una especia de carta a los Reyes Magos. Se habla de acabar con la austeridad pero no se dice cómo se llevará a cabo ese objetivo dentro del marco de la unión monetaria y sus enormes restricciones. Se señala como objetivo la nacionalización de ciertos sectores, como el energético, pero no se indica si eso es posible ni el coste para el estado de llevarlo a cabo. Se habla de “democratizar la economía” pero no se expone cómo se puede hacer tal cosa en una economía capitalista y globalizada donde los gobiernos tienen cada vez un margen de maniobra más reducido. Se habla de garantizar derechos como la vivienda o el trabajo por ley pero no se dice cómo se podrían aplicar esas leyes de forma efectiva. Así se consigue atraer al votante sin tener que complicarle mucho la vida con la realidad. El recorrido de tales propuestas se ha visto ya demostrado con la victoria de Syriza en Grecia y las política ultraliberales que está aplicando. Desafortudamente, el nivel de formación de una enorme parte del electorado hace que este tipo de apelaciones a soluciones simplistas tenga bastante éxito electoral. Esto lo demuestra el hecho de que se sigan haciendo en España las mismas promesas que han fracasado en Grecia hace solo unos meses.

Este infantilismo se complementa con convertir la política en algo cada vez más trivial. Así en campaña electoral se habla más de trending topics, gatetes y garzoners que de teoría y práctica política, o los medios oficiales de Podemos recomiendan que en Nochevieja se cambien las bragas y los calzoncillos rojos por el morado. Durante las pasadas vacaciones el tema de debate estrella en Madrid ha sido la cabalgata de los reyes magos, sin duda uno de los problemas más importantes que tiene ahora mismo la clase trabajadora. De nuevo el servicio de la nueva política al capitalismo es impagable distrayendo a la clase trabajadora en anécdotas mientras su vida se empobrece un poco más cada día.

El segundo aspecto de esta “nueva política”, que es complemento y a la vez consecuencia de lo anterior, es la hipocresía de los mensajes. Da lo mismo la realidad y lo que se esté haciendo, se trata de mandar el mensaje despreciando lo que de verdad ocurre. Emulando a Goebbels, “una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad”.

Así las apelaciones a los pactos desde abajo, la ausencia de personalismos o la horizontalidad son constantes cuando los proyectos son cada vez más verticales y personalistas. En Podemos los círculos no tienen poder alguno ante Pablo Iglesias y su equipo cercano, en Madrid Manuela Carmena gobierna a su libre albedrío, en IU Alberto Garzón toma las decisiones de forma personal sin contar nunca con la militancia, como ha ocurrido recientemente con la marca blanca, Unidad Popular, que no fue sometida a la opinión de los militantes antes de las elecciones. Barcelona en Comú es “el partido de Ada Colau” que mantiene un control absoluto sobre él. Estos pactos “por abajo” se dan cocinados, pero siguen siendo por abajo, aunque los de abajo no hayan tenido nada que ver.

Se establece así una política basada en la “relación directa del líder con la gente”. Esta relación directa con la “gente”, de nuevo un término vacío y amorfo, es una de las características de todos los líderes mesiánicos y los dictadores, que se creen los intérpretes directos de la voluntad popular. Ante esta estructura dinámica se contraponen las anquilosadas burocracias de los partidos cuyo único objetivo es continuar manteniendo su cargo en el partido. Lo primero que resulta sarcástico de todo esto es el hecho de que muchos de estos “nuevos líderes” no son en absoluto nuevos y son precisamente ellos los que llevan viviendo de la política desde hace muchos años. Son bastantes los que nunca han desarrollado otra profesión. En segundo lugar es importante destacar que cuando se habla de la “burocracia” de los partidos se hace referencia realmente a los órganos de dirección y representación, que son precisamente los que garantizan la democracia interna de un partido. La sustitución de este tipo de órganos por asambleas es, además de difícilmente operativa2, profundamente antidemocrática. No solo una asamblea es muy fácilmente manipulable, sino que además una vez se alcanza el poder los representantes elegidos gozan de total autonomía para aplicar la política que quieran sin rendir cuentas a nadie. ¿Quién fiscaliza la acción de gobierno de Barcelona en Comú o Ahora Madrid? Y no confundamos la fiscalización con las reuniones “con la gente” de los representantes políticos para presentar como propuestas abiertas lo que son decisiones ya tomadas.

Otro punto importante es la crítica de la corrupción de los partidos de la “vieja política”. En esto la nueva política es implacable… siempre y cuando no afecte a sus propios partidos. De nuevo observamos aquí la enorme hipocresía de la “nueva política”. Así mientras se critica las actitudes de otros, Ada Colau contrata a su marido, IU tiene contratado a Eduardo Garzón como asesor del eurodiputado Javier Couso o el ayuntamiento de Madrid al marido de la sobrina de Manuela Carmena. Seguro que todos fueron contratados por méritos propios y nada tuvo que ver que sus familiares directos son los jefes de las personas responsables de su colocación. Este ejemplo de la doble vara de medir de la “nueva política” ya lo hemos visto antes, cuando se hacía una defensa cerrada de las contrataciones, cuando menos poco edificantes, del ayuntamiento de Rivas a la empresa de la familia de Tania Sánchez y a la vez se forzaba la dimisión de Willy Meyer como eurodiputado por tener un fondo de pensiones que otorga la UE. Del mismo modo asuntos que hubieran sido criticados de forma despiadada en los partidos de la vieja política, como el contrato fraudulento de Íñigo Errejon en la Universidad de Málaga3 o el fraude fiscal de Juan Carlos Monedero son justificados y sus responsables siguen en sus cargos correspondientes en sus partidos.

Pero quizás lo más nefasto de la “nueva política” es su capacidad de adaptar camaleónicamente el discurso a cualquier escenario con un desprecio absoluto por la verdad. Esto ya ocurrió en las negociaciones de IU y Podemos, cuando los representantes de ambas formaciones negaban los contactos hasta que eran desvelados por la prensa. Ha quedado también de relieve en los últimos días cuando Alberto Garzón desmentía en su Facebook una noticia de El País que recogía su hoja de ruta para el fin de IU, para a continuación en ese mismo desmentido confirmar punto por punto lo publicado por El País. Posteriores declaraciones en diferentes medios de él mismo han confirmado la noticia en todos sus puntos. De la misma forma vemos cómo los dirigentes de la “nueva política” en IU afirman que es necesario unir a las fuerzas contrarias a la OTAN, el euro, el capitalismo y la explotación y a la vez defienden la sumisión de IU a Podemos. Pretenden que olvidemos que Podemos se ha mostrado a favor de la OTAN, las bases de EE.UU. en España, el euro y el capitalismo sin ningún tipo de ambigüedad. Esto lo hemos visto en la entrada en su Facebook de Alberto Garzón que citábamos anteriormente o en una carta abierta a los militantes del PCE de José Centella. De la misma forma en una reciente entrevista Julio Anguita, impulsor constante de la podemización de IU afirmaba: “El problema que tenemos es la UE, el euro y el pago de la deuda.”. Esto lo hacía en una entrevista en la que defendía una y otra vez una unión de Podemos e IU. ¿Acaso olvidaba entonces que Podemos está a favor de forma inequívoca de la UE, el euro y el pago de la deuda? ¿Es acaso también una característica de la “nueva política” tomarnos por estúpidos?

Y mientras todo esto ocurre el capital se parte de risa viendo cómo los engendros que él mismo han creado4 le hacen el trabajo de perpetuación de su modelo económico explotador que nadie cuestiona mientras está entretenido con la “nueva política”.

Un saludo

1También hay una “nueva política” de derechas, que de nuevo ofrece lo mismo que la derecha tradicional pero con el envoltorio de su propia Neolengua.

2El caso de la CUP en Cataluña es un ejemplo claro de este problema. El espectáculo dado para tomar la decisión sobre la investidura o no de Artus Mas deja muy claro cual es el recorrido de un partido asambleario para la toma de decisiones del día a día.

3El caso de Íñigo Errejón ha sido tergiversado para tratar de presentarlo como una simple irregularidad administrativa al no solicitar la compatibilidad. Esto es completamente falso, el contrato que tenía Íñigo Errejón no admite esa compatibilidad, más allá del hecho añadido que es imposible realizar un trabajo de investigación a la vez que se es uno de los máximos dirigentes de un partido político. Y lo digo desde la experiencia de veinte años como profesor en la Universidad y diez como director de grupo de investigación.

4El papel de los medios de comunicación en la creación de esta “nueva política” ha sido fundamental. Pretender, como algunos hacen, que ha sido por error es completamente absurdo. Ignorar quién está detrás de estos medios de comunicación y a qué intereses sirven es no tener la más mínima idea de cómo funciona el capitalismo.