Por Nicolás García Pedrajas

Es evidente que Izquierda Unida está atravesando momentos convulsos. Aunque algunos pretenden que el futuro de IU es renovarse o morir, entendiendo por renovarse la pérdida de principios de lucha de clases y la dilución de su mensaje, el futuro de IU no es ese. El futuro de IU es definirse o morir. IU enfrenta una encrucijada importante, debe dejar claro cuál es su alma real, si sigue manteniendo los principios de la lucha de clases y la denuncia del capitalismo, más allá de referencias retóricas, o si los abandona por una socialdemocracia que ya no tiene razón de existir. Pero por incierto que parezca su futuro, es por el camino de la indefinición por el cual tiene asegurada su desaparición como fuerza relevante.

En este momento estas dos tendencias están conviviendo, aunque no precisamente en paz, en IU. Por un lado hay una presión, más o menos disfrazada, que pretende una evolución del partido hacia una formación ciudadanista, que abandone los principios más duros de la lucha de clases para convertirse en algo parecido a una versión de Podemos, con algo más de contenido ideológico, pero cuyo objetivo sea el electorado de “clase media” y no la clase trabajadora y obrera. Por otro lado, un sector de IU trata de mantener el partido en lo que han sido sus principios desde su fundación. Aunque sectores externos suelen asociar este último sector al PCE, en la actualidad esa identificación carece de sentido.

En esta situación IU se plantea una disyuntiva entre definirse como partido obrero o ciudadanista de clase media. Es evidente que IU se juega su mismo futuro como formación política. Y esto es más cierto aún debido a la manera traumática con la que se se está tratando de afrontar este debate. En general los intentos de modificar el discurso están siendo más soterrados que explícitos, tratando de negar incluso que estás dos visiones del partido estén presentes.

Cuando los problemas existen negar la evidencia apelando a la unidad o a la lealtad es una actitud pueril. Los problemas no se arreglan solos simplemente porque se ignoren. Es evidente que durante mucho tiempo en IU han convivido dos tendencias bastante diferenciadas, una que siempre ha pretendido que IU sea un partido de clase trabajadora, y de identificación al menos socialista, y otra mas tendente a acercarse a la “clase media” y a la “ciudadanía”. Hasta hace poco estas tendencias estaban representadas básicamente por el PCE e Izquierda Abierta. Sin embargo en los últimos meses la situación se ha fragmentado y la posición de cada uno está siendo más bien individual, independientemente del partido o colectivo al que pertenezcan. Estas dos tendencias han convivido en IU en los últimos años manteniendo un equilibrio difícil. Con la irrupción de Podemos y la fiebre que ha causado en algunos dirigentes la situación ha empeorado.

Es absurdo tratar de afirmar que la IU que representan Cayo Lara y Alberto Garzón es la misma. Ni su procedencia social, ni su formación, ni su experiencia en política, ni su discurso, ni las personas a las que va dirigido ese discurso son iguales. La estrategia hasta ahora ha sido tratar de hacer convivir ideas políticas cada vez más divergentes ocultando debajo de la alfombra los problemas. Pero como se está viendo en el caso de IUCM, los problemas que se ocultan siguen estando presentes y acaban pudriéndose. Partidos de diseño sin base ideológica y con el único objetivo de la promoción electoral, como Podemos o Ciudadanos, pueden sobrevivir en la ambigüedad y la indefinición, IU no. Las diferencias que están apareciendo en el partido van más allá de enfrentamientos personales, afectan a la propia definición ideológica de IU.

Por parte del sector más próximo a Podemos se está tratando de imponer un giro ciudadanista eliminando en lo posible las referencias al marximo, el socialismo y por supuesto el comunismo. Las palabras clave de la izquierda, clases sociales, lucha de clases, socialismo, capitalismo, etc., son eliminadas del discurso o relegadas a términos vacíos, rara vez mencionados y presentes en el discurso sólo como adorno. Se trata de imponer este giro evitando la discusión previa necesaria, porque no se está seguro de tener la fuerza necesaria para imponerlo sin máscara. El resultado hasta ahora está siendo una indefinición en los planteamientos políticos de muchos dirigentes y una desorientación creciente entre los militantes.

IU está en la encrucijada de definirse o morir. Un partido solo puede sobrevivir a largo plazo si cumple una función determinada. PP o PSOE, en cuanto son las herramientas del capitalismo para dar apariencia de democracia al sistema plutocrático liberal, tienen ahí su razón de existir. El sistema garantiza su presencia mientras cumplan esa función. Si es necesario pueden ser objeto de recambio, como el PASOK en Grecia, si dejan de cumplir su misión. Partidos que no tienen una función determinada, más allá de proporcionar una forma de vida a sus miembros, caso de UpyD, tienen una vida corta y suelen ser sustituidos cuando surgen nuevas modas. Partidos burbuja que nacen con el apoyo de campañas mediáticas para ser útiles en un momento determinado, por ejemplo para canalizar el descontento ciudadano, caso de Podemos o Ciudadanos, tiene también una vida corta y suelen acabar integrados en partidos más estables del sistema. Esto ya ocurrió con el Movimiento 5 Estrellas en Italia y está empezando a ocurrir con Podemos en España.

En esta situación IU debe encontrar y definir su sitio. Y tiene dos alternativas, reforzar su postura como partido de clase trabajadora y socialista o convertirse en un sucedáneo de Podemos, con apelaciones, vacías, a los de abajo, los ciudadanos y la transversalidad, palabras todas que no significan nada. Algunos, por devoción real o por táctica electoralista, apoyan esta segunda alternativa. Sin embargo, si IU abandona sus principios de lucha de clases, ¿qué utilidad tendría si se convierte en un remedo de Podemos? Muchos argumentan que mientras IU siga manteniendo el discurso socialista su techo electoral seguirá siendo muy bajo. Sin embargo, los resultados están demostrando que el giro a la desideologización tampoco está dando réditos electorales. Pero mi objeción es mucho más de base, si IU acepta diluirse en propuestas que no son de izquierdas ni de derechas, dirigidas por la élite de siempre1, propuestas dirigidas de forma casi exclusiva a la “clase media” donde los trabajadores y trabajadoras ni siquiera son considerados ¿para qué servirán los votos que obtenga? Ganar unas elecciones a cambio de renunciar a tu política es lo que ha hecho Mateo Renzi en Italia con resultados que deberían repugnar a cualquier militante de IU.

Es por ello que IU se juega en este momento su supervivencia como movimiento político. Y no me refiero solo desde el punto de vista electoral. Hablo de algo más profundo. Su supervivencia como herramienta útil a la clase trabajadora. IU aún podría sobrevivir como partido, pero un partido sin más horizonte que su propia supervivencia orgánica, no siendo útil a nadie. Un partido tipo UPyD. En este sentido creo que es necesaria una reflexión interna real, a cara descubierta y explícita, en la cual cada uno haga sus propuestas, sean las que sean, de forma honesta y sin falsedad. IU no puede seguir dando trompicones y con un discurso que ni los militantes sabemos claramente cuál es. Una conferencia política al uso, precocinada y atada de antemano, no es la solución. El debate ha de ser real y a fondo.

Por si a alguien le interesa está es mi propuesta de cómo debe IU afrontar su futuro:

  1. En primer lugar debemos empezar a recuperar el lenguaje como herramienta para describir y explicar la realidad, y no el lenguaje que trata de esconder la verdad. Hay que huir de palabras vacías como ilusión, los de abajo, los ciudadanos, etc. Debemos de explicar y convencer, y no apelar a las emociones, esa es la estrategia del fascismo. Las emociones son manipulables muy fácilmente.

  2. Tenemos que tener claro que IU debe seguir siendo un partido de izquierda real, aunque sea el único y eso signifique luchar en solitario. Incluso con una presencia electoral reducida su valor ahí es grande, ya que permite mantener sobre la mesa cuestiones que en muchos países occidentales ya han desaparecido completamente del discurso político.

  3. Las elecciones son un medio, no un fin. Ganar no sirve para nada si no se plantea como una herramienta de cambio social real. Participar en proyectos de reformismo gatopardiano pueden servir para que algunos consigan poder y relevancia, pero no servirán para mejorar las condiciones de la clase obrera.

  4. Un partido como IU no limita su influencia a las elecciones y los cargos orgánicos. Un partido bien armado ideológicamente y con presencia en las luchas sociales puede conseguir que se apliquen muchos de sus puntos programáticos mediante la movilización social. Esta presencia en la lucha y en la calle ha sido olvidada en IU en los últimos años y debe ser un pilar básico en su acción política.

Además, los temas deben tratarse de forma honesta y sin subterfugios y ambigüedades calculadas. La convergencia con Podemos ha de ser enfrentada. Los responsables del partido que están a favor de la coalición con Podemos, o cualquier tipo de unidad de acción con propuestas ciudadanistas similares, deben manifestarlo sin ambages y dejar de jugar con la militancia. Mi postura es clara. Un no rotundo a la convergencia con Podemos por dos razones fundamentales. La primera porque Podemos no representa una opción de izquierda trabajadora como ellos mismos han repetido hasta la saciedad, aunque algunos en IU se empeñen en taparse los oídos. La segundo porque Podemos ha manifestado su no interés en converger con IU, aunque muchos en IU hayan decidido hacerse los sordos también en eso. A excepción de en algunos provincias en el caso de las elecciones municipales, y sólo por una estrategia propia, Podemos se ha negado a llegar a ningún tipo de pacto con IU que no pase por la humillación pública de Izquierda Unida y su desmembración como partido. No es muy diferente lo que se podría decir sobre otros proyectos similares como Ganemos, En Común o Ahora Madrid.

El comportamiento de IU en los últimos meses ha sido errático en muchos aspectos. La falta de homogeneidad de la propuesta electoral no ayuda a que el potencial electorado de IU identifique a esta formación como suya. La mayoría de plataformas Ganemos, una apuesta muy arriesgada de IU, han acabado en fracaso con un coste que será muy alto no sólo en términos electorales, sino también la credibilidad a largo plazo de IU. La inclusión en plataformas sin una definición ideológica clara, como Barcelona en común, tampoco ayuda. Qué la líder de esta plataforma, Ada Colau, defienda la “colaboración” público-privada en una reciente entrevista debe ser muy doloroso para la mayoría de militantes de IU. Al menos lo es para mi.

La situación en Madrid también ha creado confusión entre militantes y votantes. La deserción de Tania Sánchez y Mauricio Valiente ha sido justificada y defendida por personalidades dentro del partido. Sin una decisión clara por parte del partido, se ha defendido la presencia en Ahora Madrid, una plataforma “transversal”, como se denomina ahora a la vacuidad, que en ningún caso se ha definido como de izquierda. Con la llegada de Luis García Montero a la candidatura a la Comunidad de Madrid se ha dado un paso en esa misma dirección. Independientemente de otras consideraciones, es evidente que Luis García Montero está mucho más cerca de una intelectualidad socialdemócrata que de una clase obrera. En este sentido su presencia ha reactivado los apoyos de las figuras mediáticas cercanas unas veces al PSOE y otras a IU. No creo que personas como Sabina, Almodóvar o Bardem sean precisamente ejemplos del modelo de sociedad que quiere construir IU. ¿Vamos a aceptar que millonarios y burgueses representen públicamente los principios de nuestro partido?

O IU se define y vuelve a sus principios como formación de defensa de la clase trabajadora o habrá dejado de ser útil a los trabajadores y trabajadoras y habrá perdido su razón de ser. Su mera existencia estaría amenazada ya que también perdería su terreno político. En esa situación su supervivencia sería más una preocupación de sus dirigentes que algo útil porque habría vendido su alma al diablo del ciudadanismo y la “convergencia”.

1En ejemplo de Manuela Carmena en Ahora Madrid es un referente claro.