Nota de los editores del Blog: Hemos traducido este artículo porque aporta una visión inusualmente crítica y radical de uno de esos temas en los que la izquierda occidental, que parece haber perdido su capacidad de análisis profundo y no se muestra en absoluto ajena a los sentimientos de supremacía cultural, racial, moral, hace el papel de tonto útil, participando en la demonización de culturas enteras, con frecuencia superando en entusiasmo a la derecha. Como bien dice la autora de este artículo, el imperialismo cultural es un elemento esencial del neocolonialismo. La erradicación de la cultura autóctona y su reemplazo por una hegemónica permite al poder hegemónico ejercer su influencia sobre la nación subyugada. En su modus operandi, el imperialismo se centra en elementos específicos de una cultura para demonizarla en su conjunto con una única intención, destruirla y reemplazarla. Si se quiere la participación activa de la izquierda occidental en esa demonización basta con incluir términos clave de su gusto, uno de ellos, derechos de la mujer. Nuestro convencimiento de superioridad moral es tan grande que no creemos necesitar conocer nada de un país, de sus circunstancias, cultura, historia, de todo aquello que nos daría las claves para entender cómo se perciben las cosas en otro lugar, para embarcarnos rápidamente en estas misiones de rescate. Parece que este feminismo a la vez que ha perdido un elemento clave en su análisis, el elemento de clase, cada vez ejerce más ese racismo blando que es el paternalismo con el mundo no occidental. No se puede decir que eso que podríamos llamar feminismo imperialista muestre siempre sutileza en sus posiciones(1). No deja de ser llamativo que los enormes crímenes que comete occidente no son suficientes para que dejemos de sentir nuestra superioridad moral, la cultura que ha dado al mundo todos y cada uno de los valores que elevan a la humanidad. Tan lejos hemos llegado que por no entender no entendemos ni que las víctimas del imperialismo sí lo entienden y que para ellos no somos modelos de nada, ¿modelos de qué?

Viaje a Irán septiembre – octubre 2014

Soraya Sepahpour-Ulrich, Global Research

Traducido por Mariola García Pedrajas

Marcel Proust dijo: “El viaje de descubrimiento no está en buscar nuevos paisajes sino en mirar con nuevos ojos.” Durante las últimas dos décadas, visité Irán en numerosas ocasiones permaneciendo en el país de 10 a 14 días en cada visita. Esta vez me quedé dos meses y haciendo caso a Proust, llevé conmigo un nuevo par de ojos. Descarté tanto mis lentes occidentales como mis lentes iraníes y observé con ojos objetivos. Fue un viaje formidable que me dejó sin respiración.

Parte I – Las mujeres en la República Islámica de Irán

Es difícil saber dónde empezar un cuaderno de viaje y cómo describir un mundo recién descubierto en unas cuantas páginas. Sin embargo, dada la obsesión con el estatus de las mujeres, es quizás apropiado empezar con las mujeres en Irán tal y como las percibí.

Los medios de comunicación occidentales con la ayuda de feministas e iraníes que viven fuera de Irán representan a las mujeres de Irán como “oprimidas” – ante todo porque las mujeres en Irán tienen que seguir el código de vestir islámico – hijab. Sí, el hijab es obligatorio y las mujeres eligen entre llevar un chador o un pañuelo. Pero lo crítico es entender el papel que el chador jugó antes de 1979 frente a su papel en la era postrevolucionaria.

Antes de la Revolución de 1979, el chador era indicativo de un sistema de casta apenas encubierto. Mientras que unas cuantas mujeres distinguidas de alto estatus socioeconómico llevaban el chador por decisión propia, el resto, la mayoría de las mujeres iraníes, simplemente lo llevaban por tradición. En pocas palabras, aquellas mujeres de una situación socioeconómica desventajosa eran las que vestían el chador antes de 1979. En aquellos días, el chador era un obstáculo al progreso de una mujer; se la miraba por encima del hombro, se la veía con malos ojos. No podía progresar ni ascender. Estaba oprimida. Pero las feministas occidentales eran ciegas a esta opresión. Después de todo, el Shah era moderno y el dictador aliado de EEUU.

La revolución cambió el estatus quo y socavó el sistema de castas. Una revolución, por definición, es un cambio total de la forma en que la gente vive y trabaja. Y así es con la revolución iraní. El chador de después de 1979 ya no es un impedimento en el futuro de una mujer. La mujer iraní de hoy en día, la misma clase menos privilegiada (antiguamente), ha encontrado libertad en su chador. Ha sido liberada y marcha a la par que sus (anteriormente) colegas más privilegiadas. Esta emancipación es lo que las feministas occidentales/ occidentalizadas ven como opresión.

Yo misma provengo de esa minúscula minoría de mujeres “privilegiadas” del ayer, demasiado cómoda en mi piel “occidental” como para querer promover el hijab, pero no permitiré que mis preferencias personales disminuyan el valor del progreso conseguido debido al hijab. Los corazones sangrantes de fuera deberían simplemente quitarse las anteojeras en vez de intentar cambiar la vida de otros porque las mujeres iraníes no necesitan que se las rescate, ellas no siguen – ellas lideran.

En dos ocasiones distintas, tuve la oportunidad de sentarme y hablar con un grupo de estudiantes de doctorado en el Departamento de Estudios Globales de la Universidad de Teherán. Sinceramente, estas mujeres me encantaron. Sus mentes inquisitivas y agudas, sus intelectos despiertos, sus vastos conocimientos, su inglés fluido y su total seguridad me deslumbraron. Las feministas occidentales las considerarían “oprimidas”. Me parecen a mí que es el feminismo el que necesitan que lo rescaten, no las mujeres iraníes.

El enorme éxito de las mujeres va mucha más allá del ámbito educativo; participan en todos los aspectos de la sociedad: maternidad, artes y ciencias, alta tecnología, cine y televisión, investigación, negocios, administración, política, deportes, fuerzas armadas, conductoras de taxi y autobús, bomberas, etc. El papel activo en la sociedad de las mujeres es innegable. Lo que encontré seductor fue su papel como guardianas de la cultura.

Las mujeres – guerreras culturales

El imperialismo cultural es un elemento esencial del neocolonialismo. La erradicación de la cultura autóctona y su reemplazo por una hegemónica permite al poder hegemónico ejercer su influencia sobre la nación subyugada – ser dueño de ella. Y las mujeres son el núcleo. Ellas mantienen a la familia unida y transmiten las tradiciones. Con este objetivo, en cualquier aventura colonial, independientemente de la geografía, las mujeres han sido los blancos principales (es decir, víctimas del rescate). El caso de Irán no ha sido diferente. Mientras algunas han abandonado su cultura para recibir con los brazos abiertos la de otro, la inmensa mayoría ha resistido y se ha defendido con auténtica tradición iraní.

Un grupo de estas guerreras culturales dejaron una huella profunda en mí. Asistí a una actuación de un grupo de baile en el famoso Roudaki Hall (Talar Roudaki). Las chicas de edades comprendidas entre 6 y 18 años, consiguieron un aplauso ensordecedor cuando ejecutaron los bailes de varias canciones tradicionales de todo el país. Su baile no es el tipo de material que emitiría la MTV. Reflejaba la pureza y belleza de una cultura ancestral. Sus movimientos y gestos no tenían el propósito de ser seductores, eran elegantes y poéticos abriendo paso al pasado ancestral y ligándolo al presente, reforzándolo. Estas eran las mujeres de Irán que protegerían la cultura y tradiciones de Irán frente a la moderna cultura occidental, la cual consideran el eje central de la “civilización” y la “libertad” las feministas occidentales.

No es mi intención dar la impresión falsa de que todas las mujeres en Irán son felices, exitosas y valoradas. Como en cualquier otra sociedad, Irán tiene su parte de mujeres y chicas infelices y deprimidas. Tiene su parte de mujeres que han sido maltratadas y traicionadas. Tiene su parte de mujeres que caen en las drogas, la prostitución, o ambas. Me encontré con estas también. También noté que las leyes en Irán no favorecen a la mujer, sea frente al divorcio, la custodia de los niños, o herencias. A pesar de todo, las mujeres han dado un salto hacia adelante.

Parte II – Espíritu de equipo

Washington no se entera

Numerosos visitantes han viajado a Irán y han traído de vuelta informes que describen su paisaje, su comida, el trato amigable de su gente, el impacto de las sanciones, y demás. En su mayoría, estos informes han sido acertados – aunque incompletos. No quiero cansar al lector con mis observaciones sobre estos mismos temas; prefiero invitar al lector a que comparta mi viaje al alma del país – el espíritu de la nación iraní.

Los tropiezos de Washington se deben, en parte, al hecho de que Washington recibe inteligencia errada sobre Irán y los iraníes. Este ha sido el patrón seguido por Washington desde hace mucho tiempo. Antes de la Revolución de 1979, una plétora de personal de EEUU vivía en Irán. Miles de agentes de la CIA estaban estacionados allí. Sus tareas iban más allá de enseñar técnicas de tortura a la policía secreta del Shah; eran, después de todo, espías. Además del personal militar que vino junto con el equipo militar vendido al Shah por EEUU, había funcionarios de EEUU que trabajaban en la Embajada de EEUU en Teherán. Ninguno lo entendió.

Todos fallaron miserablemente en su análisis de los iraníes. Este personal estaba simplemente demasiado ocupado disfrutando de una vida de lujo en Irán. Como han repetido todos los viajeros mencionados anteriormente, Irán es hermoso, la comida deliciosa, la gente hospitalaria. Este personal asistía a fiestas organizadas por aquellos próximos al Shah (u otros iraníes adinerados) y vivían una vida con la que no podrían haber soñado en otra parte. Los embajadores estadounidenses distribuían visados entre los vagos niño de papá de esas mismas familias que no habrían conseguido llegar a EEUU según los requerimientos de los visados normales de estudiante.

Estos mismos iraníes, la élite privilegiada, proporcionaron a los estadounidenses en Irán datos de inteligencia – información incorrecta, defectuosa que fue pasada a Washington. Washington estaba satisfecho. Después de todo, ¿por qué dudar de tus amigos, y cómo no iba la policía secreta entrenada por la CIA a tener la información correcta? Como resultado, Washington creyó que Irán se mantendría como un estado cliente sin prever un cambio en el futuro. El éxito de la revolución fue un guantazo en la cara, pero Washington no alteró su política.

Durante las últimas décadas, Washington ha seguido actuando de acuerdo con datos de inteligencia incorrectos. Hoy en día, confía en la “experiencia” de algunos en la diáspora iraní que no han visitado Irán ni una sola vez durante la revolución. Además de los “expertos de Irán” Washington se ha buscado otras fuentes de “inteligencia”, principalmente; el culto terrorista de los Muyahidines del Pueblo de Irán (MEK). Este grupo alimenta a Washington con información que a ellos les proporciona Israel. Antes de este encargo, el culto estaba ocupado luchando junto con Saddam Hossein matando iraníes y kurdos. No sorprende en absoluto que Washington no tenga ni idea sobre Irán.

Lo que Washington no puede desentrañar es cuál es la causa de la fortaleza de Irán, de su formidable resistencia. Gracias a sus “expertos”, y la experiencia personal de algunos visitantes, Washington continúa creyendo que el pueblo iraní ama a EEUU y que está esperando a que lo “rescate” de su gobierno. No hay duda de que los iraníes son generosos, hospitalarios y encantadores. Reciben a los visitantes como huéspedes independientemente de su país de origen. Esto es parte esencial de su cultura. Creen además que un huésped es una “bendición de Dios” – mehmoon barekate khodast. Karime khodast. Pero ahí acaba la cosa.

Aunque a los iraníes les gusta la gente de todas las nacionalidades, incluidos los estadounidenses, ven a Washington como lo que es. Durante las últimas décadas Washington y sus políticas han afectado negativamente virtualmente a todas y cada una de las familias en Irán. Esto incluye a aquellos cuyos sueños y esperanzas fueron destrozados por el golpe de estado orquestado por la CIA contra su naciente democracia y su popular líder, Mossadegh. Más tarde, vidas fueron destrozadas por la policía secreta entrenada por la CIA y el Mossad del Shah, que arrestaba, torturaba brutalmente, asesinaba o simplemente hacía desaparecer a cualquiera que se atreviera a aventurarse en política. Gracias al apoyo incondicional de EEUU, estas historias nunca aparecieron en los periódicos. Y luego están los millones de viudas de guerra y huérfanos, los soldados mutilados, las víctimas de las armas químicas suministradas a Saddam Hossein por EEUU para usarlas contra los iraníes mientras la ONU hacía la vista gorda frente a una guerra que duró 8 años. Sin olvidar las víctimas del terrorismo auspiciado por EEUU, y de las sanciones. Millones de iraníes tienen experiencia de primera mano de todas las desgracias que Washington ha hecho caer sobre ellos.

Son estas víctimas, sus familias y conocidos los que luchan por la soberanía de Irán, los guardianes de una nación orgullosa. Son la fuente de la fuerza de Irán. Victor Hugo dijo una vez: “Ningún ejército puede resistir la fuerza de una idea cuyo tiempo ha llegado.” Simplemente no hay ningún ejército sobre la tierra que pueda ocupar, por mediación de otros o de otra manera, la tierra que un pueblo ha llegado a creer que les pertenece no en virtud de su nacimiento, sino porque han luchado por ella, muerto por ella, mantenido a salvo.

Conocí a muchas de estas familias; una en particular fue más memorable. Durante el régimen del Shah, esta familia trabajó en la granja de mi padre. El padre y los hijos trabajaban en la granja y la madre ayudaba en la casa. En aquellos días, esta familia y las futuras generaciones simplemente hubieran seguido trabajado en la granja, hubieran seguido siendo ‘jornaleros del campo’ sin perspectivas de futuro. Pero la revolución los rescató.

Poco después de la revolución, la guerra empezó. Todos los chicos de la familia fueron a la guerra. Uno de los tíos perdió la vida debido a la guerra química. El resto sobrevivió – y prosperó. Consiguieron educación gratis proporcionada por ese mismo gobierno que EEUU quiere desalojar. Uno de estos chicos, el hombre con el que me encontré después de unos 35 años, Kazem, en un tiempo condenado a ser un ‘campesino’, se ha convertido en un exitoso hombre de negocios. Pasé horas hablando con la familia y con Kazem en particular. Lo que me impresionó no fue solo su buena situación económica y su éxito en los negocios, sino la sabiduría que solo llega con la edad, y a pesar de todo en la había adquirido en la juventud. Tenía intelecto y dignidad. Un caballero, encontré que su conocimiento de los asuntos globales era superior al de la mayoría de los que una conocería en una universidad en EEUU. Tenía experiencia de la guerra y había sido testigo de la muerte. Irán le pertenecía. Lucharía por él una y otra vez moriría por él sin vacilar.

Este es el Irán que la Diáspora ha dejado detrás, el Irán que les es desconocido. Este es un país muy superior al que dejé atrás de niña y que he visitado a lo largo de los años. Los guardianes de Irán, sus custodios, son todos Kazems. Se ha dicho que la fortaleza de un ejército es el apoyo de la gente que está detrás de él. El país entero es ese ejército. Como observó correctamente Khalil Gibran: “Del sufrimiento han surgido las almas más fuertes; las personas con más fortaleza de carácter están llenas de cicatrices.” Con cada política errónea, EEUU suma cicatrices, fortaleciendo el carácter y espíritu de esta nación inquebrantable. Esto es lo que Washington no es capaz de comprender.

Soraya Sepahpour-Ulrich es una investigadora independiente y escritora cuyo trabajo se centra en el análisis de la política exterior de EEUU y de cómo los grupos de presión influencian dicha política.

Artículo original en inglés:

http://www.globalresearch.ca/discovering-iran-womens-rights-in-the-islamic-republic-of-iran/5412286

  1. Carteles de una campaña de Amnistía International USA durante una cumbre de la OTAN en Chicago, en que animaba a dicha organización a seguir con “su buen trabajo en defensa de los derechos humanos de las mujeres” en Afganistán