Por Jesús García Pedrajas

Aparecido en Rebelión

De acuerdo, nos equivocamos con Libia, en realidad nos hemos dado cuenta ahora de que sólo se trataba de otra aventura económico-militar de la OTAN y EEUU, con el apoyo de Europa y la cobertura raída de una resolución de la ONU, que parecía mutar a cada paso para poder avalar los sucesivos bombardeos.

Al final no se trataba tanto de quitar al dictador sanguinario como de derrocar al villano contestatario y con ideas propias recién estrenadas sobre la explotación de recursos (los de su país y el continente).

Está bien, nos engañaron (de nuevo) con esos testimonios de soldados violadores colocados hasta arriba de pastillas, de incubadoras infantiles saqueadas (perdonad, eso era con Sadam Husseim), de matanzas de civiles que había que detener, de familias usadas como escudos humanos… la vileza de Gadafi parecía garantizarnos el derecho de avalar otra invasión o acción militar de EEUU.

Ahora la realidad de los medios alternativos arroja una invasión masiva de noticias ¿descubriendo? que la enésima acción militar de la OTAN era sólo eso, una acción militar criminal e ilegal. Pero nos hemos vuelto a creer que los bombardeos masivos pueden ser humanitarios, nos la han vuelto a colar, como tantas otras veces anteriormente y, en cada nueva intervención de EEUU (y algunos de sus esbirros europeos y en todo el mundo) nos obligamos a plantearnos de nuevo si es justa (o moral o legal) la invasión de un país por otro, sin ninguna cobertura legal del derecho internacional o con una resolución que termina siempre usándose como una pase de 24 horas para poder hacer lo que se quiera con el desdichado país invadido de turno.

Pero esta vez sí, esta vez estaba justificado que se arrasara Libia, no era como otras veces (en Yugoslavia, Afganistán, Irak, etc.) donde los motivos para las invasiones no eran moralmente aceptables; esta vez se trataba de proteger a la población civil de un criminal dictador (obviamente los bombarderos y los drones podían distinguir desde el aire si los “receptores” de los obuses y las bombas eran partidarios o no de Gadafi, o simplemente pasaban por allí); un dictador al que nunca habíamos apoyado ni había sido recibido por nuestros gobiernos (me vais borrando esas fotos de la comida en la Casa Blanca, que son un poco comprometedoras).

Y ahora queda lo mejor, la reconstrucción del país y la transición a la democracia. Es lo que tiene invadir y arrasar países, que siempre podrás hacer algo de dinero cuando se trate de recibir donaciones e inversiones para poder dejarlo como estaba antes de que intervinieras. Los casos de fraudes y malversaciones de fondos en Irak asustan por lo desmedido de las cantidades (como en el caso del ejército británico), no hay muchos motivos para pensar que será distinto aquí.

Y, bueno, tampoco es tan grave que nos hayamos equivocado con Libia, tenemos dos nuevas oportunidades (bastantes maceradas ya en la opinión pública) con las que demostrar que nuestras teorías de imperialismos humanitarios funcionan (alguna vez lo harán); la primera oportunidad es Siria (tal vez el próximo en la lista) y la segunda el Irán de los ayatolás (es como una frase hecha, es el nombre que se le suele dar cuando se habla de atacarlo, cuando se quiere dejar clara la amenaza que supone). En estos dos países sí estamos seguros de que estaremos apoyando la llegada de la democracia y el derrocamiento de regímenes criminales para sus pueblos, cuando avalemos su invasión. Estaremos seguros, otra vez.