Por Ismael Hossein-Zadeh

Traducido por Mariola y Jesús María García Pedrajas con permiso del autor

A la vista de la brutal destrucción y muerte inflingida a Libia por el bombardeo implacable de la OTAN/EEUU, las declaraciones de “preocupaciones humanitarias” como motivos para la intervención se pueden descartar fácilmente como una treta imperialista descaradamente engañosa en la búsqueda de un “cambio de régimen” en ese país.

Hay pruebas innegables de que, al contrario de las manifestaciones de protesta espontáneas, desarmadas y pacíficas en Egipto, Túnez y Bahréin, la rebelión en Libia ha sido alimentada, armada y orquestada en gran parte desde el extranjero, en colaboración con grupos de la oposición expatriados y sus aliados locales dentro del país. Es más, las pruebas muestran que los planes para un “cambio de régimen” en Libia se trazaron mucho antes de que la insurgencia empezara de hecho en Bengasi; esto tiene todas las características de una guerra civil bien orquestada [1].

Es muy tentador buscar la respuesta a la pregunta de “¿por qué un cambio de régimen en Libia?” en el petróleo/energía. Aunque el petróleo es sin duda una preocupación, se queda corto como explicación satisfactoria ya que las principales compañías petroleras occidentales ya estaban fuertemente involucradas en la industria libia del petróleo. De hecho, desde que Gadafi cedió a la presión de EEUU y el Reino Unido en 1993 y estableció relaciones económicas y diplomáticas “normales” con estos y otros países occidentales, grandes compañías petroleras de EEUU y europeas cerraron acuerdos bastante lucrativos con la empresa Petrolera Nacional de Libia.

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