Por Jesús García Pedrajas

¡Indignaos! Salid a la calle desde vuestras cuentas de Facebook, que vuestro avatar incendie los bancos y las conciencias, contadlo en Twitter, decid que estáis cambiando del mundo, nadie quedará sin saberlo, toda la gente tiene un ordenador, y a quién le importa los que no lo tienen.

Todos tus amigos lo sabrán, tus cientos de miles de amigos, esos que no conoces, pero de los que llevas la cuenta como si fueran granos de arena; no por sus palabras, sino por el interés que muestran en los pequeños detalles de tu tonta vida. ¡Indignaos! Tu cuerpo quedará encerrado en tu habitación, pero tu irá saldrá a la calle, enrejada, sumisa, entre símbolos extraños, escrita en tus mensajes.

¡Indignaos! ¡Sólo esta tarde! ¡Última oferta! ¿Te has traído tu bebida favorita? Antes de que pase de moda, antes de que otro movimiento social, suave y sin aristas, remueva el mundo virtual que se ve desde tu pantalla, quién puede decir que no cambiamos el mundo desde nuestro teclado.

¡No pierdas el tiempo! ¿Te quedarás atrás? Todos tus amigos estarán allí, tus millones de amigos, todos lo contaran en sus cuentas, colgarán las fotos de las cosas que no han hecho, rostros sonrientes en cuerpos que se sienten bien, esta tarde cambiamos el mundo, otra vez.

Pero resulta curioso, porque cuando sales a verlo, cuando sales a la calle, todo tiene el mismo color, nada se ha movido, los problemas siguen estando allí, ellos no tienen ordenador, ni acceso a internet, no lo cuentan a sus amigos, pero son reales, mucho más que tus mensajes, tus amigos y tu ira, borrosa, intermitente y desganada.

¡Indignaos! Sí, sal a la calle, esta tarde, pero no vuelvas nunca a entrar, nunca, hasta que los problemas hayan desaparecido, derribados por tus manos, no te quedes sentado, contando como lo haces, como lo harías; tus manos están mejor empleadas en romper las cadenas que en enviar mensajes contando lo bien que te has sentido, pensando en que las rompías.