La vergüenza de los huesos rotos


Siguen las cunetas vomitando huesos,

andrajos, ideas y recuerdos; y parece

que lo hacen avergonzadas,

casi pidiendo perdón por descubrir su contenido.

No descansan los muertos mal enterrados

a la vera de los caminos,

al lado de las tapias de los cementerios,

sin nadie que los visite ni pueda llorarlos.

Que se olviden los muertos, dicen,

los que nunca los han recordado;

los homenajeados en piedra,

en nombres de calles y plazas.

En escudos todavía bien visibles,

en cuadros nostálgicos

de jefes de estado

hechos a tiro limpio.

Que se olviden los muertos,

que se callen, todo está ya terminado;

no hay que remover

ni huesos ni heridas.

Los huesos siguen enterrados

pero muchas heridas se mantienen abiertas,

no se pueden coser con hilos de olvido

ni agujas de plomo.

Jesús García Pedrajas