Por Nicolás García Pedrajas

Ayer el presidente del gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, se subió a la tribuna del congreso para anunciar el plan de recorte de déficit público más miserable de la historia de la democracia en España. Al parecer obligado por la plutocracia mundial, eso que se llama eufemísticamente “los mercados”, anució recortes enormes en sueldos de empleados públicos, pensiones y ley de dependencia. Con frases tan hipócritas como “no es fácil para el gobierno tomar estas medidas” o “muchos ciudadanos no lo van a entender, ahora precisamente que les mandamos el mensaje de que la crisis empieza a remitir” fue anunciando una a una hasta nueve medidas, todas ellas incidiendo sobre el mismo sector de la sociedad, el más débil, el más indefenso y el más inocente de la situación económica actual. Llegó incluso a afirmar que los que tienen más capacidad deben hacer un esfuerzo mayor, aunque no presentó una sola medida que incida en ello.

Y como contrapartida, nada. Ni siquiera una medida de izquierdas, aunque fuera mera cosmética. Nada. Ni siquiera volver a instaurar el impuesto de patrimonio, algo que sólo gravando a los patrimonios superiores al millón de euros recaudaría 2.500 millones anuales. Nada. Ni impuestos a las grandes empresas, ni subir el tramo máximo del IRPF, que en los últimos 10 alños ha bajado del 56% al 43%. Nada. Sabiendo además que la presión fiscal en España es del 31%, frente al 42% de la zona euro. Ni lucha contra el fraude fiscal, ni tocar la cotización de las SICAV [1].

Nada. Sólo la cobardía de subirse a la tribuna del congreso a pedirle a los más pobres que paguen por los más ricos.

[1] http://www.publico.es/espana/312316/izquierda/economica/plantea/alternativas