Por Jesús García Pedrajas

El verano se presta mucho a las campañas publicitarias e informativas estaciónales: destinos turísticos, productos de belleza y dietéticos, protectores solares, recomendaciones sanitarias, etc. Este año se está colando, como al descuido, una campaña masiva, a todos los niveles, con un único objetivo: no se trata de vender ningún producto, ni de recomendarnos que comamos fruta cinco veces al día, o que tengamos cuidado con las horas que estamos expuestos a la luz solar…se trata de promover el consumo, en exclusiva, de marcas llamadas “convencionales”, suponemos que este adjetivo quiere sustituir al de fácilmente identificables.

La campaña se centra en ponderar las enormes virtudes de los productos etiquetados con aquellos nombres que tenemos la suerte de ver casi todos los días anunciados en televisión, lo que, a su entender, les da un aura de respetabilidad, así como mejora la confianza de los potenciales clientes, que creerán que un producto que se anuncia en los medios no puede ser malo, obviamente.

El segundo objetivo es, claramente, desacreditar a los productos denominados “de marca blanca” o “genéricos”, en un obvio paralelismo con los medicamentos suministrados, en su mayor parte, en la sanidad pública, y que siguen cargando con la fama, intencionadamente ganada, de ser peores y, en definitiva, ser para los más pobres.

Se pretende, con estas denominaciones, sembrar la duda entre los clientes ante la presunta opacidad de los fabricantes, que no anuncian la marca de los productos que envasan, haciendo parecer que no se sabe lo que se está comprando, ni a quién, ni dónde buscar responsabilidades en caso de tener algún problema.

La realidad, de todos modos, es bien otra: los clientes conocen la superficie comercial en la que compran y, si esta misma superficie envasa los productos más baratos y con similar calidad, es obvio que los clientes podrán tomar esa opción.

Este es el peligro real al que se enfrentan las grandes marcas comerciales, que, aunque la presión mediática y su posición dominante en el mercado, les garantice la mayor parte de los ingresos, siempre existe la libertad del cliente, para decidir dónde se gastará su dinero.

Lo más triste y preocupante de este asunto es la implicación de los medios de comunicación de masas, televisiones, radios, periódicos, etc. en esta campaña, como si se tratara de una campaña de prevención de accidentes de tráfico, o de información de vacunación contra la gripe, queda bastante claro, con este comportamiento, a quién deben su fidelidad y su sueldo aquellos que tienen el deber de informarnos.