Por Jesús García Pedrajas

Aunque se trate de una posibilidad remota, aquella parte de la población afgana que tuviera noticias sobre la elección del demócrata Barack Obama como presidente de los EEUU, tendrían motivos más que sobrados para estar preocupados o, es más correcto decir, aterrados.

Ante la siempre penúltima masacre perpetrada por la aviación estadounidense en el distrito de Bala Baluk, el silencio de los medios corporativos ensordece a los ya adormecidos oídos occidentales. A la escalada militar en aumento promovida y ordenada por el flamante presidente Obama, debemos añadir la desesperación por la certeza del hecho de que, los mismos medios de comunicación de masas (a escala mundial) que ensalzaron hasta casi la categoría de religión al “movimiento obamita”, nunca van a informar al único mundo que parece importar, el occidental, sobre las atrocidades cometidas por el ejército de EEUU.

Como su antecesor demócrata en el cargo, Bill Clinton, el presidente Obama contará con el siempre necesario fuego de cobertura, que hace posible el éxito de cualquier acción militar: en este caso se trata de fuego mediático, que se encargará de cubrir con el manoseado manto de frases como “una nueva esperanza”, “yes, we can”, y otros manidos mantras, las operaciones militares (en palabras de las propias fuentes del ejército de EEUU) que acaban, casi a diario, con las vidas de cientos de civiles afganos; decimos que la definición de operaciones militares la fija el gobierno de Obama porque, en realidad, bombardear y arrasar pueblos enteros y provocar ingentes cantidades de víctimas no se puede considerar, en ningún caso, como una acción militar sino que, simplemente, se trata de un cruel acto terrorista.

Nada se oye sobre estas matanzas, el silencio atruena de nuevo en los informativos, en los que sólo podemos oír noticias acerca de los avances o acciones de los talibanes, intentando (y consiguiendo) que Afganistán sea visto como un nido de asesinos y terroristas que, obviamente entonces, puede ser asolado con la tranquila conciencia de los que les están llevando, a costa de la vida de miles de civiles, un pedazo de democracia al mejor estilo occidental, es decir, por medio de bombardeos y atrocidades militares.