Por Nicolás García Pedrajas

Hace muchos años ya Antonio Gramsci escribió:

“Nosotros no conocemos Italia. Peor aún: nos faltan los elementos adecuados para conocer Italia, tal como es realmente, de modo que nos encontramos en la imposibilidad de hacer previsiones, de orientarnos, de establecer líneas de acción que tengan cierta probabilidad de ser exactas. No existe una historia de la clase obrera italiana. No existe una historia de la clase campesina. He aquí nuestra debilidad, he aquí la principal razón de la derrota de los partidos revolucionarios italianos: no haber tenido una ideología, no haberla difundido entre las masas , no haber fortificado las conciencias de los militantes con certezas de carácter moral y psicológico. ¿Cómo asombrarse entonces de que algún obrero se haya vuelto fascista? Lamentablemente la concepción no la tenemos, y esta es la razón de todos estos errores teóricos, que luego se reflejan en la práctica y que nos han llevado hasta hoy a la derrota. ¿Qué hacer entonces? ¿Por dónde debemos comenzar? Veamos: a mi parecer, es necesario comenzar justamente por aquí, por el estudio, reunirse, comprar libros, organizar lecciones y conversaciones sobre este tema, formarse criterios sólidos de investigación y de examen y criticar el pasado para ser más fuertes en el futuro y vencer.” [1]

Resulta muy interesante, no sólo el hecho de que Gramsci fuera capaz de exponer de forma tan certera el principal problema de la izquierda, sino también que estos males sigan hoy tan vigentes como cuando Gramsci los expresó hace un siglo.

Los dos grandes males de la izquierda siguen siendo los que Gramsci describe. En un lado, la falta de conocimiento del pueblo. Esto es aún peor ahora, la izquierda, especialmente en Europa, se ha convertido en un movimiento elitista, que desprecia al pueblo que se supone defiende. Una especia de despotismo ilustrado. Esta izquierda desprecia a las clases más desfavorecidas, y reacciona con furor ante los movimientos nacidos realmente del pueblo, como se observa con su obsesión crítica contra los movimientos de izquierda real en Venezuela, Bolivia o Nicaragua. De hecho, para todo lo que nace del pueblo usa el adjetivo “populista”, mostrando bien a las claras lo que opina del pueblo.

Este sentimiento de superioridad entre las élites de la izquierda es el que ha conseguido que, tristemente, muchas personas de las capas más desfavorecidas hayan puesto su esperanzada en la derecha, precisamente aquellos que les niegan una oportunidad en la vida.

Y por otro lado, el segundo gran problema es la falta de trabajo, de base teórica para confrontar a la cada vez más acusada derechización de la política y la sociedad. La falta de esta base teórica ha hecho que la izquierda pierda terreno constantemente en favor de las ideologías más reaccionarias. Ante el discurso imperialista dominante, se ve impotente de ofrecer alternativas trabajadas y creíbles más allá de discursos de buenas intenciones. Resulta muy desalentador ver como en el debate público la derecha miente y manipula constantemente tergiversando  los hechos, las cifras y la realidad, mientras la izquierda no es capaz de desmontar la gran mentira del capitalismo actual porque lo faltan los conocimientos y el estudio necesarios para desmontar los argumentos falaces de la derecha.

Así que ahora, como Gramsci nos dijo hace un siglo, hay que trabajar, estudiar y acercarse al pueblo. Si no, el triunfo de la derecha será seguro.

POSTDATA: Gramsci murió el 27 de abril de 1937 tras diez años de carcel y puesto en libertad a punto de morir. Expresa muy bien la miseria moral de la iglesia católica que un oficial del Vaticano afirmase entonces que Gramsci se convirtió al catolicismo antes de morir y que pidió los sacramentos. Su hermano Carlo, presente en su muerte, relató la falsedad de dicha afirmación.

[1] http://books.google.es/books?id=BdWz-z3ltowC&pg=PA358&lpg=PA358&dq=gramsci+nosotros+no+conocemos+italia&source=bl&ots=8L0h3o1FKb&sig=vRCAn-0HLESUuUZUISNk0d68Xgg&hl=es&ei=FMPLSf3oCpu6jAe-5OjcCQ&sa=X&oi=book_result&resnum=8&ct=result#PPP1,M1