Por Nicolás García Pedrajas

En los últimos meses estamos assitiendo a la caída total de muchos de los mitos y mentiras en los que se sustenta el capitalismo. La crisis de los mercados financieros está dejando al descubierto muchas de las verguenzas del sistema actual, basado en que los beneficios y la codicia de unos pocos están por encima de la vida y de los derechos de los restantes miles de millones.

El caso Madoff [1] ha dejado al descubierto como funciona el sistema. Sin embargo, aunque la mayoría de la gente no se de cuenta, el caso Madoff llega mucho más al fondo del capitalismo, desmonta sus mismas bases. El hecho de que el capitalismo genera diferencias obscenas entre los que más tienen y los que no tienen nada no es negado ni siquiera por sus defensores. El argumento que usan éstos es lo que llaman meritocracia. Los mejor preparados y los que más trabajan son los que triunfan y ganan mucho dinero, los que son pobres es porque se lo merecen. Aparte de lo absurdo que es plantear este razonamiento sin tener en cuenta la abismal desigualdad de oportunidades que existen entre las personas, es la misma base de esa supuesta meritocracia la que es falsa.

Y eso es lo que ha puesto de manifiesto el caso Madoff. En el mundo en el cual se ha producido esta estafa, están muchos de los ejecutivos mejor pagados del mundo. Se supone que cobran salarios inmensos, de millones de euros anuales, porque su preparación es excelente, su formación impecable y su inteligencia superior al resto de mortales que ganan en toda su vida laboral lo que estos señores en un mes. Son estos ejecutivos los que no se dieron cuenta de nada, los que ahora argumentan que se dejaron estafar por Madoff porque su reputación era extraordinaria. Por eso cobraban comisiones millonarias, por invertir según la buena fama de las sociedades en las cuales lo hacían. La pregunta es obligada, ¿por qué ganan estos ejecutivos tanto dinero? ¿dónde está su preparación, su trabajo, su mérito? ¿en qué contribuyen a la economía?

Por eso no hay que dejarse engañar. Las universides donde esta gente se forma, consideradas como las mejores del mundo (Harvard, Yale, etc.) simplemente son supermercados de títulos, no son lugares donde salen los estudiantes mejor preparados del mundo. En ellas los más ricos compran el título que los certifica como ricos para que otros de su mismo círculo social puedan seguir manteniendo la estafa.

Y si alguien tiene dudas, que recuerde que Goerge W. Bush se licenció en Yale.

[1] http://www.publico.es/dinero/183312/captando/clientes/campos/golf