Por Jesús García Pedrajas

La primera realidad que han mostrado las pasadas elecciones regionales y municipales en Venezuela es muy clara: el futuro de la revolución bolivariana pasa por alejarse del chavismo y convertirlo en socialismo; no han de quedarse en meras siglas, el PSUV debe hacer honor a su nombre y agruparse, si bien es cierto que también alrededor de nombres propios, en torno a unas ideas comunes socialistas que se mantengan como posibilidad de futuro para la mayor parte del pueblo venezolano, de ese enorme sector de la población que, hasta la llegada del presidente Hugo Chávez al gobierno del país, se había visto alejada de los círculos del poder, de la toma de decisiones y, en resumen, de la vida política y social de la nación.

Y cuando pedimos cambiar el chavismo por el socialismo queremos, en primer lugar, quitarle esa falsa aureola de caudillismo que se le ha querido imponer, esa imagen de “régimen” y de “mandatario” que se ha creado alrededor de la figura del presidente que más veces ha visto refrendado su poder en las urnas en los últimos años, por grandes márgenes en las elecciones presidenciales, y, cuando el pueblo le ha retirado su confianza en otro tipo de consultas electorales ha sido el primero en reconocer su derrota, como en el anterior referendo para decidir si podía volver a concurrir a las elecciones a la presidencia, confirmando los resultados que le eran adversos en la misma noche electoral, algo muy distinto del bochornoso espectáculo de las papeletas mariposa mágicas de Florida. No parece ser el gesto de un caudillo antidemocrático someter a consulta popular una decisión que, fácilmente, podría haberse propuesto como ley en el parlamento; no imaginamos el mismo escenario en la España de Felipe o de Aznar.

Las ideas de la revolución puesta en marcha en Venezuela son muy claras, tanto como sus bases socialistas y, por desgracia, tan reales como las fuerzas, de todo tipo, que se encuentran en frente para poder ser llevadas a cabo. Es por eso también que queremos despojar de personalismo un movimiento que, como la mayoría de ellos, empieza alrededor de la figura de un líder pero que debe, para poder avanzar, conservar su ideología, sus fundamentos y su fuerza independientemente de quién sea el candidato que deban presentar a las próximas elecciones; no deseamos que la cuestión, como quiere la oposición tanto externa como interna, se reduzca a qué será de Venezuela sin Chávez, el problema que debe afrontarse es como conservar la unidad de la coalición que representa para poder seguir gobernando y avanzando en la revolución cuando el presidente Chávez deje el cargo.

No queremos entrar aquí en el debate de un posible nuevo referendo popular para permitir la reelección del actual presidente, es un escenario posible, pero que puede dejar muy maltrecho al PSUV tanto si plantea como única alternativa para seguir con las reformas, lo que dejaría a la coalición como una mera marca política para poder concurrir a las elecciones, como si se lleva a efecto y, bien se pierde, lo que llevaría consigo la casi segura disolución de la coalición, como si se gana, asumiendo entonces que la revolución es sólo un movimiento personalista, asociado a una persona y no a unas ideas sólidas, y obligando a, con el paso del tiempo, a convertir la revolución bolivariana en lo que nadie que la apoye desea, un caudillaje fácil de atacar por las fuerzas reaccionarias que tendrían mucho más fácil sus ataques y sus críticas.