Por Jesús García Pedrajas

En el desierto vive un pueblo de gentes hechas de barro. Las manos del tiempo lo han amasado con la arena de las dunas y la sangre de sus esperanzas derramadas.

Un pueblo de miradas y silencios, sólo rotos por la queja del viento y el ruido del mortero y la cadencia del te servido a la sombra de las jaimas.

La tristeza de los ancianos, que un día fueron jóvenes valientes que lucharon por una causa justa, se marca en sus ojos que observan a sus hijos, con sus vidas desechas antes de empezadas, porque la vida sin esperanza se consume sin llama que la ilumine.

Los jóvenes de este pueblo ven pasar el tiempo y, tal vez, se preguntan cuando podrán cumplir sus sueños de justicia y de dignidad que empiezan a borrarse porque sólo pueden recordar días iguales entre las tiendas de los campamentos o entre barrotes de cárceles negras.

Y la mirada de estos jóvenes se para en sus propios hijos y la rabia de pensar que éste puede ser el futuro que les espera a ellos también n o los deja descansar, piensan que ellos también fueron niños y que la inocencia y la risa se reflejaba en sus caras, mientras que su niñez se apresuraba para dejar paso a la juventud seca y marchita del que nada puede esperar.

Este pueblo de barro nos mira y nos acusa con palabras que no podemos negar, porque las pronuncian en nuestro idioma, nos hablan en español, en nuestra lengua que es también, en parte, la suya. Nada espera el pueblo saharaui del estado marroquí, ya que la crueldad del régimen amigo de nuestro gobierno ya les ha dado muestra de que su fin último es acabar con todas sus gentes; pero el pueblo saharaui sí tiene el justo derecho de recordar al estado y el pueblo español las promesas hechas, así como sus obligaciones como administrador de la antigua colonia.

Sus justas demandas no pueden ser olvidadas por nuestro gobierno, ni soslayadas por intereses económicos o políticos; pero es trabajo de la sociedad civil española exigir a sus gobernantes que sean, simplemente, justos con los que, hace tan poco tiempo, eran españoles con todos los derechos. Su cobarde abandono y traición al pueblo saharaui no se olvida entre su gente, pero el tiempo de hacer justicia nunca llega tarde, si se trata de cumplir las esperanzas de libertad de un pueblo, hecho de gentes de barro, amasado con arena y sangre.

Aparecido en Rebelión.