Por Nicolás García Pedrajas

Baltasar Garzón se ha declarado competente para investigar la represión de la dictadura franquista durante los años posteriores al fin de la guerra. Es seguro que el proceso será corto, no hay apoyo en la fiscalía ni en el resto de judicatura. El reaccionarismo de ambas instituciones es bastante conocido. Tampoco hay apoyo en el PSOE, que no quiere que se recuerde mucho su renuncia a ajustar cuentas con la dictadura.

Sin embargo, al menos por unos días celebraremos el día de los vencidos. Todos aquellos que sufrieron la represión, tortura y muerte de sus familiares y amigos,  que fueron condenados a una vida de miseria como esclavos de sus asesinos, que tuvieron que vivir haciendo reverencias a aquellos que les negaban el derecho a ser ciudadanos. Ellos, al menos por unos día, disfrutarán con la sensación de que se les recuerde y se busque a los culpables.

En España, cuando la transición olvidó a los vencidos, se creó la gran mentira sobre la dictadura. La gran mentira que habla de una guerra cruel entre dos bandos sanguinarios que hicieron las mismas barbaridades durante la contienda. Incluso en palabras del presidente fundador del PP, el bando republicano fue mucho peor. Toda esa falsedad se desmonta cuando empezamos a contar la verdad. Garzón investiga los represaliados despúes de la guerra, no los muertos en la guerra. Y el censo suma ya más de 100.000 hombres, mujeres e incluso niñas y niños. La cifra real podría doblar ese número. Estos muertos desmienten la imagen de una dictadura benevolente que se quiere construir, pone a Franco y sus secuaces, entre los que quedan algunos políticos en activo, al nivel de criminales como Pinochet, Somoza o Videla.

Ante esta evidencia, cuando se han abandonado otros arguments imposibles ya de defender, se cita la Ley de Amnistía de 1977. ¿Desde cuándo sirven las leyes dictadas por los vencedores para tapar sus crímenes? En Argentina y Chile se derogaron leyes como esa. Como siempre, los países a los que consideramos más atrasados que nosotros son los que nos dan leccciones de una dignidad que Europa ha perdido.

Como es habitual cuando se trata de condenar a la dictadura del nacionalcatolicismo, el PP y la Iglesia han salido en tromba contra Garzón. Y yo pregungo, si el Partido Popular no se considera heredero del franquismo, ¿por qué lo defiende de forma tan desaforada? ¿por qué se desata su cólera sobre toto el que trate de juzgar los crímenes de los golpistas? También me resulta curioso que aquellos que tanto se preocupan de las víctimas del terorrismo de ETA no les quede en su “inmenso corazón cristiano” ni un poco de compasión para las victimas de Franco. Quizás olvidaba que estas víctimas no los dan votos en su electorado…

¡Vivan los vencidos!