Por Nicolás García Pedrajas

El congreso de EE.UU. ha rechazado el plan de rescate propuesto for George Bush, que pretendía gastar 700.000 millones de dólares en salvar las empresas que están en quiebra por su gestión en los últimos años. Este esquema de socializar las pérdidas y privatizar los beneficios no es nuevo en el capitalismo. Ha ocurrido con tanta frecuencia que es todavía increíble que haya gente que hable del libre mercado desde el ala liberal, cuando ellos mismos saben que eso no existe. Cada que una empresa grande va a la quiebra sus directivos salen con indemnizaciones de millones de dólares y las pérdidas las asume el estado.

Lo paradójico del rechazo al plan ha sido que sean los congresistas republicanos los que hayan rechazado mayoritariamente la propuesta, mientras los demócratas la apoyaban. Hemos llegado a tal nivel de connivencia entre los demócratas y el gran capital, que esta vez les han ganado a los republicanos en su apoyo a los intereses de la oligarquía. Supongo que esto será parte de ese cambio del que habla Barak Obama pero del que nadie sabe nada, excepto que en el cambio no está dejar de invadir países como Afganistán, dejar de estrangular a Cuba o dejar de apoyar las masacres israelíes sobre Palestina.

En Europa la situación es igual de vergonzosa. Cuando se despedían trabajadores de los astileros de Cádiz o de las fábricas de automóviles se impedía la ayuda estatal porque eso violaría las leyes de la competencia. Sin embargo, cuando se trata de proteger los intereses de la oligarquía no hay problema, para eso está el dinero público.

¡Viva el comunismo!, gritan en Wall Street.