Por Jesús García Pedrajas

Como si de la entrada a una oscura discoteca se tratara, parece ser que a los inmigrantes que llegan a las costas de las naciones europeas se les va a colocar (a ser posible, en el rostro, para que no puedan negar su condición) un sello de calidad que lo clasificará dentro de los tres roles que engloban a la práctica totalidad de dichos inmigrantes: esclavos, delicuentes o votantes.

La primera de ellas es la más conveniente a efectos económicos, tanto para los gobiernos como para los empresarios que los explotan, los convierte en trabajadores con sueldos indignos, condiciones de trabajo inhumanas y nulas posibilidades de lucha por sus derechos laborales, en resumen, el capitalismo perfecto (es mismo capitalismo redondo que se estaba produciendo en países como China o India, para uso y disfrute de las multinacionales, pero que no se permite si estos mismo países quieren competir ellas mismas en el mercado globalizado).