Por Nicolás García Pedrajas

La política internacional en los países occidentales es cada vez más una sucursal del poder económico. Sin embargo, en los últimos tiempos está apareciendo un nuevo fenómeno, que es la ausencia total de escrúpulos a la hora de mostrar la conexión entre ambos. Hasta hace unos años, los políticos trataban de no aparecer como títeres de las grandes empresas, y las prebendas que estas les ofrecían solían ocultarse.

Desde hace unos años este comportamiento, que aunque no era muy decente por lo menos tenía el mérito de avergonzarse de algo que se sabía no ético, ha cambiado. Ahora los políticos no tienen ningún reparo en mostrar su estrecha relación con las empresas. Especialmente vergonzoso es el espectáculo público que están dando muchos expresidentes y exjefes de gobierno. Uno de los que levantó más polémica fue el nombramiento de Gerhard Schröder como alto ejecutivo de Nord Stream AG por parte del consorcio ruso Gazprom. Si ya el hecho de que un exprimer ministro pase de forma directa a una compañía privada es escandaloso, en este caso es aún peor, ya que sólo unas semanas antes de que Gerhard Schröder abandonara el gobierno, éste concedió un aval de 1 billón de euros a Gazprom para el proyecto del gaseoducto Nord Stream en caso de que la empresa tuviera que recurrir a un préstamo.

De igual manera, el expresidente del gobierno español José María Aznar da sobrados ejemplos de la connivencia entre las grandes empresas y los gobiernos. Ha sido contratado por el grupo de comunicación de ultraderecha de Rupert Murdoch [1], es asiduo en conferencias en la universidad de Georgetown, una de las más conservadoras de EE.UU., y en estos días hemos sabido que voló en el avión privado de un magnate de enorme poder en Guatemala [2] para asistir al congreso del PP. Otros políticos del PP, como Rodrigo Rato, han firmado por la gran banca, o Eduardo Zaplana que ha firmado por telefónica como delegado para Europa a pesar de su nulo curriculo en el área. Dentro del PSOE también tenemos el caso de David Taguas, que ha pasado de director de la Oficina Económica de Presidencia del Gobierno a la vicepresidencia de la Confederación Nacional de la Construcción.

Lo curioso, además de la ya reseñada falta de un mínimo de decencia en los pasos inmediatos de la administración pública a la empresa privada, es que el fenómeno afecta tando a la derecha como a la izquierda descafeinada que tenemos en Europa. Quizás esto explique el alejamiento cada vez mayor de los partidos de “izquierda” de su origen ideológico.

[1] http://www.rebelion.org/noticia.php?id=33764

[2] http://www.publico.es/129391/josemariaaznar/dionisiogutierrez/congresopp