Por Nicolás García Pedrajas

Durante este pasado mes de mayo y junio se conmemora el mayo del 68 francés. En estos días estamos leyendo muchas historias sobre la heroicidad de la revuelta francesa, las más veces contadas por perfectos altos cargos de la política que usan estas supuestas aventuras juveniles como coartada para su apego al capitalismo actual. Lamentablemente, buena parte de la izquierda actual vive anclada en este tipo de símbolos, restringiendo su visión a efemérides, mientras aceptan la muerte de la sanidad y la educación públicas, o ayudan a convertir Europa en un fortín xenófobo y racista.

Algunos argumentan que muchos de los líderes de mayo del 68 en Francia han cambiado para convertirse en aquello que combatían. Pero, ¿es esto cierto? ¿en realidad estos líderes estudiantiles combatían la sociedad capitalista y se creían sus propios eslóganes? Lo primero que hay que saber para responder a esta respuesta es que no hubo un mayo del 68 en Francia, hubo dos. Hubo una chispa que saltó en las universidades y posteriormente se extendió a las fábricas. Este último era un movimiento mucho más real, de trabajadores que pedían la semana de 40 horas, edad de jubilación más baja y derogación de las leyes anti-huelga de 1963, entre otras revindicaciones, y que no se dedicaban a buscar la playa bajo los ladrillos o pedir lo imposible. Este movimiento sin embargo ha sido siempre eclipsado por el movimiento universitario, desde luego mucho más “fotogénico” y “glamouroso” para la mayoría de la izquierda actual, falta de formación y principios sólidos . Y este movimiento universitario estaba formado básicamente por niños de papá para los cuales la revuelta era una travesura, pero que para cuando se aburrieran de jugar a ser rojos, estaba papá y sus influencias para solucionarles la vida.

Lo primero que hay que tener en cuenta es que la extracción social de los universitarios de hace 40 años en Francia no era precisamente del proletariado, sino de las clases acomodadas. Sin ninguna duda este hecho se refleja muy bien en los líderes de las revueltas. La gran musa del mayo en la universidad es Caroline De Bendern, hija de una noble familia inglesa, expulsada de los más selectos colegios, que se ganaba la vida como maniquí. Daniel Cohn-Bendit, el líder de la protesta tomó la nacionalidad alemana para eludir el servicio militar, y es ahora líder político de los verdes. Alain Geismar acabó como alto cargo en el gobierno francés de Jospin y llegó a inspector general de Educación nacional. En una reciente entrevista deja muy claro sus principios, cuando le preguntan por qué dejó la lucha responde “Seguir era peligroso para nostros mismos” [1]. Los famosos eslóganes de la revuelta estudiantil son asimismo tonterías de niños de papá, no las reivindicaciones de la clase trabajadora. Desafortunadamente la izquierda europea siempre ha sido muy sensible a este tipo de comportamientos de niño mimado que cuando se cansa del carnaval vuelve a casa a invertir en bolsa y se apunta a una ONG para seguir diciendo que es de izquierdas.

Para salir de la postración actual de la izquierda en Europa, es necesario que olvide este tipo de comportamientos y se dedique a trabajar por propuestas alternativas, reales y creíbles a las del neoliberalismos ultraderechista y racista que poco a poco se está aduñuenda de todo el poder en Europa.

[1] http://www.publico.es/084543