Por Nicolás García Pedrajas

Los europeos suelen considerarse a sí mismos como los más abiertos, virtuosos y democráticos de todos los habitantes del planeta. Al fin y al cabo somos la cuna de la civilización y la democracia. La falsedad de esta alta autoestima es fácil de ser contrastada, sin más que echar un vistazo a la historia de Europa, y como una de sus señas de identidad ha sido, y continúa siendo, la rapiña de naciones menos poderosas en América, África y Asia.

La colonización de estos paises y el robo de sus riquezas naturales se ha vestido siempre de un manto de supuestas buenas intenciones, afirmando que lo que se hacía era contribuir al desarrollo y la democracia. mientras se robaban sus vienes, se vendían a sus habitantes como esclavos y se asolaban sus tierras. Europa no quería mostrar su verdadero rostro, racista y codicioso. Sin embargo, en los últimos años, con el avance de la ultraderecha en todos los paises y el retroceso de la izquierda a posiciones cada más cercanas a la derecha, la máscara está empezando a caer.

La aprobación de la nueva directiva de retorno de immigrantes hoy en el Parlamento Europeo, por abrumadora mayoría [1][2], ha acabado por mostrar a Europa tal y como es. La nueva directiva permite el internamiento de los immigrantes irregulares en centros, que bonito no llamarles prisiones, hasta 18 meses, la expulsión a paises que no sean su país de origen, la expulsión administrativa sin tutela judicial, e incluso la expulsión de menores a países donde no tengan familia.

Y todavía estos gobernantes, y la gran mayoría de europeos que desgraciadamente los apoyan, se permiten el repugnante lujo de ir por el mundo dando lecciones de libertad y democracia.

[1] http://www.publico.es/127277/europa/da/luz/verde/directiva/recorta/derechos/inmigrantes

[2] http://www.elpais.com/articulo/internacional/Parlamento/Europeo/aprueba/enmiendas/directiva/retorno/papeles/elpepuint/20080618elpepuint_10/Tes