Por Nicolás García Pedrajas

Barak Obama, el que será candidato demócrata a la presidencia de los EE.UU., celebró su nominación  de forma muy significativa, con un discurso ante el poderosísimo lobby sionista de la AIPAC. Una vez casi conseguida la nominación, empezamos a escuchar el que parece será su discurso real. Y como ya nos esperábamos, este discurso se escora cada vez más hacia las posiciones que le interesan a Israel, y defiende una política que, eliminando la parte retórica, es prácticamente la misma seguida por George W. Bush.

En su discurso ante la AIPAC [1], Obama muestra una posición mucho más dura con Irán que la que mantenía hasta ahora, en la línea que quiere Israel. Así  afirma que hará cualquier cosa, y repite cualquier cosa, para detener las supuestas ambiciones nucleares de Irán. En este tema su posición se acerca ya mucho, si no es igual, a la de Bush, McCain o Clinton.

En realidad, aparte de constatar el enorme poder del lobby sionista, estamos ante una película que hemos visto demasiadas veces. Un político consigue acercarse a la victoria mediante un mensaje más progresista que sus rivales, aunque esto en EE.UU. no significa mucho, no caigamos en el error de pensar que Obama es de izquierdas. Cuando cree ver la victoria posible  empieza a derechizar su discurso tratando de atraer el voto más reaccionario. El resultado es siempre el mismo, lo único que consigue es alienar a sus votantes más a la izquierda, y por supuesto no atrae a los votantes más reaccionarios que siempre preferirán a su candidato propio.

La pregunta es, ¿por qué tantos políticos del estilo de Obama siguen cayendo en esta trampa? En realidad no caen en ninguna trampa. El hecho es que en la mayoría de los paises occidentales no hay ya diferentes opciones políticas, hay simplemente una clase política, unida a una ologarquía económica, cuyo único fin es mantener el estado actual de las cosas, o incluso profundizar en la descapitalización del estado y en la transferencia de dinero público a manos privadas cuando se presenta la posibilidad. Así Obama no supone una opción muy diferente a la de McCain, sólo algunos matices son diferentes, sólo se manifiesta diferente cuando cree que puede atraer a los votantes. Pero ante los que realmente mandan, como el lobby sionista, muestra su verdadero rostro. En realidad es algo que también ocurre frecuentemente en Europa. Al fin y al cabo, el último gobierno de Prodi en Italia lo único que ha hecho ha sido preparar el camino a la vuelta de la ultraderecha de Berlusconi, con la cual la “izquierda” de Veltroni incluso se ha mostrado ahora dispuesta a pactar.

[1] http://firstread.msnbc.msn.com/archive/2008/06/04/1109815.aspx