Por Jesús García Pedrajas

Supongamos que todos los periodistas mienten, supongamos que todos sirven a intereses que van más allá de la información veraz de los hechos, supongamos que ninguna fuente es totalmente verificable; pidamos ahora a todos los medios que demuestren que todo lo dicho anteriormente es mentira en su caso y que su único objetivo es ser testigo fiel de los hechos. ¿Qué medio puede demostrar lo segundo y negar, fuera de toda duda, lo primero? ¿Por qué pedimos que demuestren su “inocencia” a los medios alternativos? ¿Se exige a los medios escritos o audiovisuales alguna declaración de principios o alguna verificación de sus fuentes? ¿Nos preguntamos en algún momento de dónde provienen las noticias aparecidas todos los días en los telediarios? Lo que está ocurriendo en estos momentos con los medios alternativos, principalmente en Internet, no es más que la repetición de la historia que ya se ha producido con el resto de los medios de información: su asimilación por las grandes corporaciones cuando dicho medio se convierte en una “empresa de comunicación”, es decir, en una empresa que vende un producto, en este caso noticias, a unos clientes hastiados en unos casos, en otros confiados y, las más de la veces, indiferentes sobre el contenido y la calidad del producto que consumen.

Los grandes grupos empresariales que controlan los principales medios de comunicación (ya que no existen ya grupos mediáticos, estos no son más que una herramienta más de poder empleada por las corporaciones a nivel mundial) no se conforman con controlar los medios de masas (televisión, radio, prensa escrita, etc.) y centran ahora su atención en lo que podemos llamar la “última frontera”: Internet. Lo que hace peligroso a este soporte es la relativa escasez de medios necesarios para poder poner en marcha una publicación en la red: no exige grandes inversiones, no tiene un costoso mantenimiento y, por tanto, no necesita una fuerte financiación que esclavice sus contenidos. Estos grupos de poder centran su actividad, principalmente, en dos aspectos: asimilación y control de medios que nacen como alternativos en la red (en los que se ve, llegado el momento, un alarmante viraje en sus contenidos y el tratamiento que hacen de las noticias) y, por otro, desactivación de los medios que no pueden controlar por medios judiciales, campañas de descrédito o marginación de los sitios más visitados de referencias a dichos medios.

El caso que nos ocupa ahora, la publicación Rebelión.org, es especialmente grave por cuanto es una referencia muy importante de los medios alternativos, por su continua lucha por mostrarnos una visión distinta a la que vemos y oímos diariamente hasta el hartazgo en los medios de masas, por la resistencia que ha ofrecido desde casi su fundación a los intentos de alquilar o ver silenciada su voz frente a los poderosos, por todo esto, debemos considerar una tarea de todos los que creemos en que otra información es posible, que la supervivencia de páginas como Rebelión.org es fundamental para mantener abiertas las vías de comunicación entre las gentes en todo el mundo que quieren tener, al menos, el derecho a escuchar una segunda opinión acerca de lo que ocurre en el mundo.

La lucha debe ser diaria porque, tal vez, nos demos cuenta demasiado tarde que nuestra tibieza a la hora de defender nuestro derecho a una información veraz que provenga de medios que no deben de rendir cuentas informativas a sus amos empresariales, sea la causa, precisamente, de que los medios que nos acercan otras voces desaparezcan por nuestra falta de compromiso.

No podemos admitir de medios informativos que, continuamente, manipulan la información a su antojo, se arroguen el derecho de decidir quiénes son los medios fiables y cuáles los que quedan fuera de esta categoría. ¿Son, acaso, las grandes corporaciones que nos mienten para que los gobiernos que las sirven lleven a cabo crímenes a lo largo de todo el mundo los que nos pueden decir a quién debemos creer y a quién no?

Luchemos por estas exigencias: libertad para comunicar y comunicarnos, para informar y ser informados, tan solo así podremos mantener nuestra libertad de pensamiento y de acción.