Por Mariola García Pedrajas

Insistimos en el tema de Birmania por ser un claro ejemplo reciente de la doctrina del imperialismo humanitario. No importa cuantas veces se haya demostrado que la apelación a la causa humanitaria por parte de EEUU y en general de la potencias occidentales es pura hipocresía. Como no podía ser de otra manera viniendo la propuesta de conocidos genocidas. Que jamás estas intervenciones hayan resultado en esa ayuda o cambio que se supone era el motivo de que tuviéramos que apoyar la acción sin cuestionarnos quien era el promotor y sus motivos. No importa que al apoyar estas acciones se destruya completamente el concepto de soberanía nacional y se abra la puerta a cualquier interferencia por parte de las potencias mundiales contra los gobiernos que no apoyen sus intereses. Lo que incluye a cualquier gobierno que quiera hacer algo por su pueblo ya que las potencias occidentales basan las relaciones internacionales en el expolio de otros países. No importa que en prácticamente todos los casos haya generado sufrimientos tremendos para un pueblo ya doliente. Parte de la izquierda sigue dejándose engañar y perdiendo sus energías en el debate estéril. He de decir que a esa capacidad de autoengaño ayuda bastante la mentalidad neocolonial y el sentimiento de superioridad cultural de la población occidental. El hecho de que se pueda titular una editorial en un periódico “liberal” Ayuda humanitaria a punta de pistola, me parece tremendamente significativo, tan lejos hemos llegado en consideramos “los buenos” hagan lo que hagan nuestros países e impongan sus intereses por cualquier medio que haga falta. Y en el fondo está la cuestión principal, ¿Qué derecho tiene Occidente a gobernar el mundo? Occidente, con un estilo de vida voraz que necesita la miseria de muchos otros países para mantenerse.

Para profundizar en esta cuestión recomendamos el artículo de Mel Reeves de Black Agenda Report que incluímos en nuestra seción de otras voces.