Por Jesús García Pedrajas

En su acertado análisis “¿Tan a la izquierda se ha movido América Latina?” aparecido en el diario La Jornada y reproducido también en Rebelión, Immanuel Wallerstein hace una exhaustiva relación de las causas del giro a la izquierda de la región. Podemos, sin embargo, apuntar algunos comentarios: ante la pregunta principal de cuán a la izquierda se ha movido el sub-continente latinoamericano, debemos responder también a la cuestión de hasta dónde se ha movido la política occidental (EEUU y UE, principalmente) en su viaje a la derecha. La pregunta es pertinente porque, en la mayoría de los casos, los gobiernos electos considerados de izquierdas en Latinoamérica no están llevando a cabo, de ningún modo, revoluciones políticas, económicas o sociales.

Es evidente, como apunta al autor, que la hetereogeneidad es lo que caracteriza a estos gobiernos: no es posible comparar la tibieza de Brasil o Argentina, con el compromiso de Venezuela, Ecuador o Bolivia; tampoco parece acertado colocar entre los gobiernos de izquierda a países como Chile, a pesar de que nominalmente lo sean, teniendo en cuenta que nada se ha hecho para revocar el modelo económico neoliberal implantado en los años 80 con el apoyo y la guía del gobierno estadounidense y con el asesoramiento de Milton Friedman, apóstol de la economía real y del neoliberalismo.

Queda, por tanto, aclarar el origen de este pretendido giro a la izquierda de las naciones latinoamericanas y si esta percepción no se debe en mayor medida al rotundo giro a la derecha de la política europea, no es necesario añadir a EEUU en este comentario, ya que ellos “viven” en la derecha extrema.

Es evidente que, por un lado, las últimas elecciones presidenciales en la mayor parte de los países europeos han dado la victoria a partidos de derechas y, por otro, que los pretendidamente de izquierdas, como es el caso de Gordon Brown en Gran Bretaña, llevan a cabo medidas que podrían sonrojar a más de un analista neoconservador.

Por tanto, teniendo en cuenta todo lo anteriormente expuesto, no podemos hablar tanto de un giro radical a la izquierda en América Latina sino de un giro a la derecha acentuado a este lado del Atlántico y que tiene como consecuencia que toda reforma, por discreta que esta sea, se vea como una amenaza al status quo económico establecido.

Las reformas realmente revolucionarias no se ven en este momento más que en gloriosas excepciones como Venezuela, Ecuador o Bolivia; debemos tener en cuenta, eso sí, que la presencia de gobiernos que no se alinean con EEUU es un primer e importante paso para un enfrentamiento directo a los intereses del gobierno estadounidense en la zona que, lamentablemente, no coinciden en absoluto con los de sus gentes.