Por Jesús García Pedrajas

    El espectáculo que ofrecen en estos días los voceros del capital y del poder establecido con relación al país andino resulta cómico y, a la vez, bochornoso, si lo comparamos con las “consultas”, similares a la que se ha producido en Bolivia, que se han propuesto en España. Donde aquí nos encontramos con “referedum separatista” que pretende “romper España”, en Bolivia se trata de “consultas populares”; cuando en el País Vasco se propone hacer una consulta, no ya un referéndum, a petición de un gobierno autonómico legítimo (por mi parte, una decisión equivocada, en cualquier caso), en Bolivia la votación es convocada por un gobernador que ha llamado “a las armas” a los militares para “reconducir” la situación de la nación, y ha llamado cobardes a los que no apoyen el golpe de estado; no logro imaginar a Ibarretxe haciendo este llamamiento (sin acabar en la cárcel el mismo día de su proclama).

Es, precisamente, en la palabra reconducir donde esta la clave de todo este proceso de desestabilización y, en último caso, derrocamiento del gobierno boliviano: de nada sirve que el pueblo de aquel país haya votado a un presidente que haga una política más o menos acertada pero, en todo caso, soberana; no es importante el hecho de que esa sea la voluntad de los bolivianos; tan solo queda, como referente último, que el poder no está “en las manos adecuadas”, es decir, en las de siempre.

Los mismos periodistas que, en mayor o menor medida, han considerado la posibilidad de llevar a la democracia por los cauces moralmente aceptables, según el criterio oligárquico, son los que apoyan a los gobernadores bolivianos en su petición de autonomía, nunca usando la palabra independentista, que queda tan solo para los vascos, catalanes, gallegos y demás españoles díscolos.

Sin necesidad de ir más lejos, hoy se puede comprobar, en la edición digital de varios periódicos, el diferente trato dado a las noticias sobre ANV y sobre la consulta popular en Bolivia.