No vamos a pensar, o hablar, o escribir con moderación. No vamos a pedir perdón, ni vamos a retroceder. Y esperamos ser oídos. No vamos a pedir paz. Todos piden paz, pero nosotros pediremos justicia, y además te decimos que no habrá paz mientras no haya justicia.

Aquí hablaremos de aquello que ningún hombre o mujer honesto puede abandonar, sino es con su vida misma. Aquí vamos a contar los hechos tal y como son, aquí vamos a ser extremistas, porque sólo se pueden seguir dos caminos, el del bien y el del mal. Aquí vamos a contar el llanto, el dolor y el sufrimiento de los pueblos, que se ahoga y se hunde en el mar sin que nadie le preste atención.

Trataremos de liberarnos de la peor de las esclavitudes, la esclavitud mental, que acepta las mentiras sin ni siquiera cuestionarse que pueden ser mentiras. Porque, desafortunadamente, las mentiras no suelen parecer mentiras, y la verdad muchas veces parece mentira. Sin embargo, una vez que conoces las claves del mensaje no es difícil, te sientes como un espectador ante los trucos de un mago poco hábil. Trataremos de no empezar a morir manteniendo el silencio ante las cosas que importan. Trataremos de no cansarnos de ver que la muerte arrastra siempre los mismos cuerpos.

Denunciaremos a los que no son ni la fruta madura ni podrida, son la fruta vana. Porque sólo aquello que se conquista luchando tiene valor y consistencia.

Al final, todos esos momentos se perderán como lágrimas en la lluvia. Al final la lucha siempre acabará en derrota, pero mientras haya alguien que se levante y rompa sus cadenas los que mueren por su libertad seguirán viviendo. Mientras haya una sola persona que siga pensando que es mejor morir de pie que vivir de rodillas, todavía habrá esperanza. Todavía habrá más de cien mentiras que valgan la pena.

Y malditas sean las guerras del capital y los canallas que las apoyan.

Por un encuentro casual, como decimos en la Tierra Media.

Salud y república.