Por Chris Floyd
Original en Inglés: Help Haiti: The Unforgiven Country Cries Out
Traducido por Mariola García Pedrajas
I.
La ruina económica y política de Haití, deliberadamente inflingida y mantenida implacablemente, tiene un efecto directo en el número de muertes y la devastación que el país está sufriendo en estos días tras el terremoto y además hará mucho más difícil la recuperación de este desastre natural. Como se detalla más abajo, las rapaces políticas económicas de Washington han destruido todos los intentos de construir una economía sostenible en Haití, empujando a la gente de su tierra y pequeñas comunidades a los abarrotados, peligrosos e insalubres barrios de chabolas, en su intento de conseguir una magra subsistencia en las fabricas de trabajo esclavo (maquiladoras) propiedad de las elites occidentales y sus compinches locales. Todos los intentos de cambiar una sociedad manifiestamente injusta han sido suprimidos sin piedad por la mano directa o colateral de las elites occidentales.
¿El resultado? Millones de personas – debilitadas por el hambre, las deprivaciones, la malnutrición, la enfermedad – viviendo hacinadas en viviendas precarias y deficientes. Una falta de la infraestructura física, financiera y cívica requerida para sostener un nivel de vida decente e tiempos normales – y proveer asistencia adecuada, y un marco adecuado para la reconstrucción, cuando golpea el desastre. Incluso un terremoto mucho más débil que el que golpeó esta semana hubiera causado en una nación que ha sido pisoteada de una forma tan despiadada y deliberada como Haití, una cantidad de sufrimiento innecesario que no tendría por qué darse.
Con el huracán Katrina vimos lo injusta y cruelmente que las elites estadounidenses reaccionaron a la destrucción de una de sus propias ciudades. Los millonarios de Mississippi conectados políticamente obtuvieron pronta y copiosa asistencia – mientras que muchos nativos de Nueva Orleáns son aún refugiados, dispersados por todo el país años después de las inundaciones. Y esto en una nación en la que las infraestructuras – aunque pudriéndose rápidamente por la corrupción de avaricia y militarismo – son aún robustas. ¿Qué esperanza hay entonces para Haití?
Sí, ahora habrá una lluvia de ayuda inmediata, como pasa siempre tras un desastre espectacular. Y por supuesto, esto es laudable, y animo a cualquiera que pueda que contribuya lo que pueda a estos esfuerzos. Pero al menos que haya un giro total en la política estadounidense, al menos que finalmente concluya la maldición que ha sido impuesta a Haití – no por Dios, o por el Demonio, sino por los duros corazones de élites que siguen ciegamente la tradición de sus predecesores – esta oleada de cuidados y atención dará lugar pronto de nuevo, como siempre ha hecho, a cruel indiferencia, represión brutal y explotación inhumana.
La historia de estas crueles tradiciones – y la “continuidad” con las mismas que ya Obama ha desplegado – no augura que se vaya a producir tal giro. Pero como ese hombre sabio, Edsel Floyd, siempre dice, vivimos con esperanza y morimos con desesperación. Y tal esperanza para Haití es algo a lo que merece la pena agarrarse, y por lo que trabajar.
Al mismo tiempo, la esperanza no debe ser ciega; tienes que reconocer las sombrías realidades para conocer en su justa medida contra lo que luchas. Por lo tanto, echemos una mirada larga y profunda.
II.
Apenas unas horas después de que golpeara el terremoto, el predicador televangelista Pat Robertson aparecía en su programa, declarando a sus millones de telespectadores que la razón por la que Haití fue golpeada por este desastre – y ha estado sufriendo gravemente durante 200 años – es porque los haitianos “juraron un pacto con el diablo” para ganar su libertad frente a sus señores coloniales franceses a principios del siglo XIX.
Y aunque tales palabras vomitivas son lo esperable de este bien engrasado de billetes y políticamente influyente mullah, virulentamente extremista (una vez descrito adecuadamente en estas páginas como “mimador de dictadores, mercader de diamantes de sangre, anti-judio y cómplice de explotadores”) esta vez se puede encontrar una pizca de verdad en las salpicaduras de la vomitona de Pat Robertson. Los haitianos han sido efectivamente maldecidos durante 200 años, y la maldición se remonta efectivamente a su liberación. Pero “marcador de pautas” Robertson, la fuente de esa maldición no es metafísica. Como hice notar en un artículo escrito en 2004:
Hace exactamente 200 años, los esclavos haitianos derrotaron a sus señores franceses – la primera revuelta de esclavos exitosa en la historia. Lo que Espartaco soñó con hacer, los haitianos lo consiguieron de hecho. Fue un logro tremendo – y el Occidente blanco nunca los ha perdonado por ello.
Para ganar reconocimiento internacional para su nuevo país, Haití fue forzado a pagar “reparaciones” a los dueños de esclavos – una carga devastadora de una deuda que aún estaban pagando a finales del siglo XIX. Los EEUU, que rehusaron reconocer al país durante más de 60 años, invadieron Haití en 1915, principalmente para abrirlo a la “propiedad extranjera de intereses locales.” Tras 19 años de ocupación, los estadounidenses apoyaron una serie de dictaduras sedientas de sangre para proteger a esos “propietarios extranjeros.” Y aún sigue así.
Y tanto que sigue. El artículo de 2004 detallaba el último y largo trabajo de estrangulamiento de Haití llevado a cabo tanto por los republicanos como por los demócratas, que culminó en un golpe de estado urdido por la Administración de Bush – la segunda vez en la que un presidente de nombre George Bush había derrocado al presidente haitiano elegido democráticamente Jean-Bertrand Aristide. Es una historia que merece la pena ser contada de nuevo:
Aunque el golpe de estado de Haití de 2004 fue ampliamente presentado como un recrudecimiento de descontento popular, fue por supuesto el resultado de años de duro trabajo por parte de los dedicados corruptores de democracia de Bush, como informa William Bowles de Information Clearing House. Elementos bushianos financiaron a la oposición política del Presidente Jean-Bertrand Aristide, pasaron armas de contrabando a señores de la guerra haitianos exiliados, y llevaron a cabo una estrangulación sin tregua del país, cortando ayuda financiera y estructural largamente prometida a una de las naciones más pobres del planeta hasta que los precios de los alimentos se dispararon, el desempleo llegó a un 70 por ciento, y el gobierno desmembrado perdió el control de la sociedad en manos de bandas armadas de criminales, fanáticos y los meramente desesperados. Mientras tanto, Haití fue forzado a pagar 2 millones de dólares al mes de la deuda generada por los dictadores asesinos (apoyados por los EEUU) que habían gobernado la isla desde la ocupación estadounidense de 1915-1934….
La razón ostensible para el mortal trabajo de estrangulamiento de Bush fueron las disputadas elecciones de Haití en 2000. En esa votación, que era simplemente la tercera elección libre de la nación en 200 años, se dieron ciertamente informes de irregularidades – aunque éstas no fueron ni de cerca tan graves como las bien documentadas de un cierto candidato que ocupó la Casa Blanca ese mismo año. No hubo ninguna duda de que Aristide y su partido recibieron una abrumadora mayoría de votos legítimos; sin embargo, de los 7.500 puestos en contienda, los observadores de las elecciones encontraron que los resultados de siete senadores parecían de proveniencia dudosa.
¿Qué pasó entonces? Los siete senadores cuya elección se disputaba dimitieron. Se convocaron nuevas elecciones para esos puestos de senador, pero la oposición – dos facciones elitistas financiadas por los motores de subversión favoritos de Washington, la de apodo orwelliano “Nacional Endowment for Democracy” (Fundación Nacional para la Democracia) y el “Internacional Republican Institute” (Instituto Republicano Internacional) – rehusaron tomar parte en las elecciones. El gobierno se rompió porque la legislatura no pudo convocarse. Cuando llegó Bush, apretó las tuercas del bloqueo internacional de la isla, insistiendo que los 500 millones de dólares de ayuda que se necesitaban desesperadamente no se entregarían a no ser que la oposición participara en las nuevas elecciones – mientras que al mismo tiempo le pagaba a la oposición para que no participara.
El objetivo final de esta lógica brutal era arrastrar al desposeído pueblo de Haití más aún por el suelo y destruir la habilidad de Aristide de gobernar. Su crimen real era, por supuesto, no las tonterías electorales del tipo de las de Florida o la supuesta “tiranía.” … No, Aristide hizo algo mucho peor que eliminar votos o matar gente – trató de aumentar el salario mínimo, a la principesca suma de dos dólares por día. Esta medida indignó a las corporaciones americanas – y sus amiguetes locales – que habían usado a Haití durante generación como una fuerza de labor barata y de beneficios astronómicos. Fue la gota que colmó el vaso para las facciones elitistas, una de las cuales estaba liderada de hecho por un ciudadano estadounidense y antiguo seleccionado de Reagan y Bush, el magnate industrial Andy Apaid.
Apaid fue la punta de lanza para la rapaz “reforma del mercado” de Reagan y Bush en Haití. Por supuesto, “reforma,” en la jerga degradada de los privatizadores, significa exponer incluso los medios totalmente necesarios para la subsistencia y la supervivencia a los estragos de poderosos intereses corporativos. Por ejemplo, el plan de Reagan y Bush forzó a Haití a eliminar los aranceles a las importaciones de arroz, que había sido durante mucho tiempo un alimento básico producido localmente. Después inundaron el mercado haitiano con arroz estadounidense fuertemente subsidiado, destruyendo de esa manera el mercado local y arrojando miles de agricultores autosuficientes al desempleo. Con un mercado ahora cautivo, las corporaciones estadounidenses subieron sus precios, extendiendo la ruina y el hambre en la sociedad haitiana. Los agricultores sin trabajo proveyeron de nueva mano de obra barata a las fábricas de Apaid y sus amiguetes. Reagan y Bush contribuyeron aboliendo los impuestos para las corporaciones estadounidenses que montaron maquiladoras haitianas. El resultado fue una precipitada caída de los salarios – y la esperanza de vida. La primera elección de Aristide en 1990 amenazó estos agradables arreglos, por lo tanto fue debidamente expulsado por un golpe militar. Con la connivencia no tan tácita de Bush I.
Pero como hemos dicho, la última ronda de castigo para Haití fue una cuestión tanto de republicanos como de demócratas:
Bill Clinton restauró Aristide al gobierno en 1994 – pero solo después de forzarlo a aceptar, sí, “las reformas del mercado.” De hecho, fue Clinton, el chico de los privatizadores, quien instigó el embargo tras las elecciones que Bush II usó con efectos tan devastadores. El principal fallo de Aristide como líder fue su intento de estar a la altura de este chantaje bipartidista. Al igual que cualquier otra nación que cae bajo el látigo del FMI, la ya frágil economía de Haití se colapsó. Entones, los mandados de la familia Bush como Apaid empujaron al país al caos total, haciéndolo una presa fácil de los señores de la guerra a los que los operativos de Bush – muchos de ellos antiguos elementos del Irán-Contra – habían suministrado armas a través de la República Dominicana, según informa el Boston Globe….
Cuando Aristide aceptó un acuerdo, promovido por los líderes de los países del Caribe, que cedería el poder de hecho a la oposición financiada por Bush pero que al menos preservaría los rasgos de la democracia haitiana – Apaid y sus chicos declinaron la oferta, con la bendición de sus señores en Washington, quienes de pronto afirmaban que no tenían ninguna influencia sobre sus recalcitrantes asesinos a sueldo….
En vez de ello, pistoleros armados estadounidenses le dijeron a Aristide que si no dimitía lo dejarían morir a manos de los rebeldes. Después fue metido a empujones en un avión que estaba esperando y lo dejaron tirado en el medio de África. En unas pocas horas, los terroristas apoyados por Bush marchaban abiertamente en Puerto Principe, ejecutando a los partidarios de Aristide.
Imagino que ahora no pedirán dos dólares al día, ¿eh? ¡Misión cumplida!
III.
Por supuesto, todo eso pasó en los viejos malos tiempos, antes de que Obama nos llevara a una nueva era “post-racial.” Con seguridad este hombre con visión y compasión, el mismo un descendiente de África, pondrá fin al castigo de Haití por levantarse en contra de los señores blancos.
Pero no iba a ser así. Como hice notar aquí el año pasado en “Cry, the Unforgiven Country” (Grita, el País sin Perdon):
Obama y su “superestrella” secretaria de estado Hillary Clinton, están apoyando con gran fanfarria la última egregia y brutal farsa que Washington y Occidente le han endilgado a los engreídos nativos de Haití.
En las elecciones al senado convocadas este mes por el gobierno impuesto a Haití después del golpe de estado apoyado por los EEUU de 2004…participaron menos del 10 por ciento de ciudadanos con derecho a voto: un resultado que se burla de cualquier noción de una democracia popular y legítima. Pero esto no pasó porque los haitianos sean tan vagos y desinteresados que no se molestaron en votar. Ni tampoco porque estén tan satisfechos con el cuidado paternal y benévolo de sus señores designados por los estadounidenses que no vieron la necesidad de que estúpidos procesos electorales molesten su bucólica vida.
No, el 90 por ciento de abstención fue de hecho una acción de protesta masiva, motivada por el hecho de que el gobierno apoyado por los estadounidenses no permitiría al partido más popular – el partido del gobierno derrocado por el golpe de 2004 – presentar una lista electoral. Usando tecnicismos y trampas burocráticas, los supervisores de la elección de Haití prohibieron la lista de Fanmi Lavalas el pasado febrero. En ese momento las elecciones de abril se convirtieron en papel mojado, una farsa sin sentido – otra broma cruel gastada al pueblo de Haití.
¿Cómo respondieron los ilustrados progresistas de la nueva administración estadounidense?
John Caruso informa:
CLINTON: Los EEUU eliminaron una dictadura militar en 1995, aclarando el camino a la democracia. Y tras varios años de disputas políticas, comunes en cualquier país que realiza una transición, Haití ha empezado a notar el avance. Y las elecciones nacionales y presidenciales en 2006 realmente hicieron avanzar Haití hacia la democracia. Lo que el presidente y el primer ministro buscan es mantener un fuerte compromiso con la gobernanza democrática que dará otro paso adelante con las elecciones al senado del domingo.
Traduciendo del vulgar dialecto Clintoniano: 1) con “disputas políticas” se refiere a la abrumadoramente popular presidencia de Jean-Bertrand Aristide, la cual fue “disputada” (y continuamente socavada) por los EEUU y su quinta columna en Haití; 2) “Haití empieza a notar el avance” gracias al golpe de estado contra Aristide en 2004 apoyado por los EEUU; y 3) las elecciones de 2006 que “realmente hicieron avanzar Haití hacia la democracia” excluyeron tanto a Aristide como al candidato preferido de Fanmi Lavalas (el padre Gerard Jean-Juste, arrojado a prisión con cargos inventados por el gobierno apoyado por los EEUU para impedir que se presentara), lo que dio lugar al ascenso de Rene Preval – quien entiende claramente quien es el jefe, y por lo tanto se merece una palmadita en la espalda de Clinton.
Lo que nos trae a las elecciones al senado de hoy, en las cuales “el fuerte compromiso de EEUU/Haití con la gobernanza democrática…dará otro paso hacia delante” mediante la calculada supresión de la habilidad del partido de la mayoría para presentar una lista de candidatos……
Por lo tanto el proyecto estadounidense que dura varios siglos de prevención de la democracia en Haití sigue marchando a las mil maravillas. Y cualquiera que temiera que nuestro primer presidente negro pudiera ser menos receptivo a la necesidad de aplastar las aspiraciones democráticas de la primera nación negra libre del hemisferio puede quedarse tranquilo: Obama no permitirá nunca que la raza – o cualquier otra cosa – le impida hacer el trabajo sucio del imperio.
Es seguro que ese trabajo sucio estará en marcha muy pronto de nuevo – y debemos luchar contra él, llamar la atención sobre él, no dejar a Haití desaparecer en las sombras imperiales de nuevo. Pero en este momento, la preocupación más apremiante es el sufrimiento humano en Haití. Por lo tanto, colabora en la ayuda a Haití.